Las primarias en cinco estados del noreste estadounidense han despejado gran parte de las dudas y parece que, si no ocurren desplomes inesperados, el magnate Donald Trump, en el Partido Republicano, y la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, se enfrentarán en las elecciones presidenciales que en noviembre decidirán quién sustituirá a Barack Obama en la Casa Blanca. Trump arrasó en los cinco estados en disputa (Rhode Island, Connecticut, Pensilvania, Maryland y Delaware), se ha llevado el 90% de los 118 delegados en juego, un impulso que lo deja cerca de los 1.000 delegados y al borde los 1.237 que le darían la nominación automática antes de la convención republicana de finales de julio en Cleveland (Ohio).
Trump se impuso con porcentajes por encima del 50% al senador texano Ted Cruz y al gobernador de Ohio, John Kasich. El magnate no solo no está aminorando su ritmo de obtención de votos, algo que parecía inevitable tras su derrota en las primarias de Wisconsin a comienzos de abril, sino que está acelerando su camino hacia la nominación presidencial. Algo que parece ya inevitable pese a los esfuerzos de Cruz y Kasich, que este domingo anunciaron que se coordinarán en el resto de estados para frenar el camino de Trump a los 1.237 delegados.
Esta estrategia, que alinea a dos rivales con diferentes visiones políticas conservadoras, podría ser contraproducente, al confundir a los votantes que no se inclinan por Trump y reforzar la idea de los simpatizantes del magnate de los casinos de que el sistema está manipulado para favorecer a los candidatos del "establishment", la élite tradicional del partido. Ante la casi inevitable lucha Trump - Clinton por la Casa Blanca, ambos aspirantes se pasaron la noche de ayer lanzando mutuos ataques.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora