El espectáculo debe continuar y todos los sondeos han aportado su grano de arena para añadir la máxima emoción al sprint final de Hillary Clinton y Donald Trump para conquistar la Casa Blanca. Se considera empate técnico cuando la ventaja de un candidato es menor al margen de error de la encuesta. Hillary Clinton sigue por delante de Trump en la mayoría de sondeos, pero su ventaja promedio se ha reducido a 2,5 puntos si sólo se cuentan los votos de ambos candidatos y de 2,8% si también figuran en el sondeo Gary Johnson y Jill Stein, candidatos minoritarios sin posibilidad de ganar, pero capaces de restar a los dos grandes votos decisivos en estados clave.
Y resulta que Clinton ha reducido su ventaja en los sondeos antes de que reflejen el impacto de la "sorpresa de octubre", la nueva investigación abierta por el FBI a la candidata demócrata sobre el uso de su servidor privado de correo electrónico para la correspondencia oficial cuando era secretaria de Estado.
Es decir, que la situación demoscópica es de empate técnico, pero con Clinton a la baja.
El especialista que más desestabiliza al equipo de Clinton es seguramente el profesor Allen J. Lichtman, de la American University, que pasa por ser el adivino más considerado de los resultados electorales. Lleva 30 años acertando el ganador utilizando un método estadístico propio. Anunció en el Washington Post que ganaría Trump antes de que trascendieran los escándalos sexuales del magnate pero Lichtman, que no disimula sus simpatías demócratas, ha reiterado que su cálculo sigue apuntando a la victoria del republicano "por el más estrecho de los márgenes".
Aunque muchos insisten en que Hillary Clinton, no logra quebrar el empate ante el verborrágico empresario Donald Trump. Los entendidos en la materia aducen un final muy reñido para el 8 de noviembre
Tras Lichtman, el que menos posibilidades le da a la candidata demócrata es el portal Fivethirtyeight y le otorga el 76% de posibilidades de ganar. Los demás elevan el cálculo por encima del 80% .
Pero estos no son los datos que más optimismo traen al cuartel general de Clinton. Lo que más les tranquiliza es la movilización de su clientela en el voto adelantado.

Millones de votantes

Hasta ayer ya habían votado más de 22 millones de estadounidenses en los 37 estados que lo tienen regulado. El equipo de Clinton ha llevado a cabo una campaña sobre el terreno, lo que se denomina el ground game, con una red de miles de voluntarios que arrastran a los potenciales votantes demócratas a las urnas o al voto por correo. La victoria demócrata siempre depende de una participación alta y eso es lo que está ocurriendo en algunos estados clave. Las batallas más reñidas siguen librándose en Arizona, Carolina del Norte, Florida, Iowa, Nevada y Ohio, estados en que las posibilidades de cada candidato son prácticamente a cara o cruz.
Falta por ver qué impacto tendrá la "sorpresa de octubre" en el resultado, pero su efecto sísmico durará hasta el final. Agentes del FBI no ven posible terminar la investigación antes de las elecciones.
Un centenar de ex fiscales han acusado al director del FBI, James Comey, de actuar de manera parcial para interferir en las elecciones, acusación de la que se desmarcó ayer el presidente Obama.
Y a falta de méritos propios, los candidatos siguen planteando las elecciones como un referéndum contra su rival. Trump advirtió ayer en Michigan que "Hillary será objeto de investigación y su elección sumiría a nuestro país en una crisis constitucional que no nos podemos permitir". Por su parte, Clinton insistió en Ohio en que Trump "no está preparado" y representa "un peligro para la seguridad nacional".

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