Entre las diferentes formas que el hombre encontró para honrar a lo que considera divino, también debemos considerar al banquete. A lo largo de la historia, la reunión de comida y espiritualidad fue determinante en la vida de muchas culturas, incluso en la nuestra. Para los cristianos, uno de los grandes hechos fue, por ejemplo, la "Última Cena".
Todos sabemos que a lo largo del año hay comidas especiales, que alimentan el cuerpo y el espíritu y reúnen a la familia. Tal el caso de las fiestas de Navidad y fin de año, que ahora están en ciernes. Son tan delicados momentos que antiguamente se vigilaba la predisposición emocional de quien cocinaba para que influyera lo más positivamente posible sobre la calidad nutritiva -física y espiritual- de cada preparación.
"No es para menos: la necesidad imperiosa de comer nos revela cuánto dependemos del alimento. Esa dependencia nos recuerda que somos seres enclavados en el mundo material. Pero nuestra espiritualidad puede ser 'alimentada' cuando lo que ingerimos lo hacemos con conciencia", nos dice Ricky Moya, chef vegano jujeño.
Cada religión tiene alimentos sagrados y alimentos prohibidos. Y en base a ellos, costumbres relacionadas con los alimentos y con la dimensión espiritual de la comida. Hay ejes comunes como la práctica del ayuno, el compartir con los necesitados o el empezar las comidas con una plegaria. Cada religión, a su vez, cuenta con un calendario festivo al que se asocian determinados platos, recetas de fiesta, que se preparan en todas las casas.
Para el chef Moya, más que la disposición de conciencia del cocinero, es mayor la que debe tener el comensal: "Conciencia de qué, cómo y cuándo comer, conciencia de agradecimiento y bendición para permitir que lo que comamos enriquezca nuestro cuerpo y nuestra mente, equilibre nuestras emociones y, finalmente, eleve nuestro espíritu", dice.
Hace muy poco fuimos invitados a festejar el año nuevo judío, el "Rosh Hashana". Allí tuvimos la oportunidad de probar las nueve comidas que tradicionalmente se sirven, cada una con un significado. Se trata de platos magros pero singulares.
Los árabes, en el último día de ayuno de Ramadán, preparan para comenzar la festividad religiosa del "Aid el Fitr" (banquete de caridad), que marca el fin de este mes sagrado.
Si en la religión judía existen alimentos prohibidos como el cerdo, el jabalí, algunos pescados o las huevas de pez (caviar), la religión católica rompe con todas las interdecciones. Los católicos no tienen ninguna prohibición, solo la de la gula.
La cultura islámica comparte con la judía la prohibición de consumir carne de cerdo y la forma en sacrificar a los animales, el deguelle ritual, que resulta indoloro para. Para los musulmanes, los alimentos con mayor significado son los dátiles y el cordero. Este fruto lo comía Mahoma para romper el ayuno del Ramadán y es símbolo del dulzor de la vida cuando se dispone de alimentos para nutrir el cuerpo y el espíritu.
El cordero es el animal que se emplea para los sacrificios -en la fiesta del sacrificio del cordero-, el animal sustituye al hijo del profeta Ibrahim.
Para el hinduismo, detrás de la restricción del consumo de carnes está la creencia de que consumir animales inocentes e indefensos pone en peligro a quienes los consumen. La causa es que por su muerte injusta transmiten un mal -karma-, que afecta a la naturaleza espiritual de las personas. Comparten con los musulmanes, la restricción de evitar el alcohol y son básicamente láctovegetarianos. Los budistas más estrictos no toman lácteos ni sus derivados; sin embargo, no establecieron leyes diéticas como el judaísmo o el islam, lo que sí hay son pautas.
Hagamos sagrado el alimento.

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RICO TIPO
RICO TIPO · Hace 1 mes

DEJATE DE ROMPER LAS PELOTAS, CADA UNO QUE COMA LO QUE LE GUSTE Y LISTO.