Colombia es un país diversificado y complejo que siempre guardó callada discreción ante la opinión pública mundial. Tal vez por eso la imagen estereotipada del país en el extranjero que asocia violencia y narcotráfico, y nada expresa de su variedad y esplendor geográfico, ni de su creativa, profunda y original cultura, ni de las vicisitudes y locuras de su historia, en alguna medida reflejadas en el "realismo mágico" de su literatura. Como alguien comentó sarcásticamente, lo que se conoce de Colombia podría compendiarse en tres nativos que trascendieron fronteras: la cantante Shakira, el traficante Pablo Escobar y el escritor Gabriel García Márquez. En segundo plano, el artista plástico Fernando Botero y los futbolistas Valderrama, Asprilla e Higuita. Además de la siempre repetida constatación de que "en Bogotá se habla el mejor español del mundo hispánico". En los últimos meses, la prensa internacional redescubrió Colombia en función de la conclusión exitosa de las tratativas de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), realizadas en La Habana con la mediación de los gobiernos de Cuba y Noruega y la activa participación del Secretario General de las Naciones Unidas. Simplificaciones aparte, los números reflejan la intensidad y crueldad del drama: durante más de 52 años el conflicto enfrentó guerrilleros, paramilitares y fuerzas armadas, dejando un saldo de 267.152 muertos, 45.000 desaparecidos y 6,9 millones de desplazados por la violencia (alrededor de 100.000 de ellos fueron despojados de sus tierras). Los exilados en razón del conflicto pueden ser más de 500.000. Se cuentan 11.458 víctimas de explosiones de minas y hay enormes extensiones de tierra sembradas de aquellos explosivos. Todo eso sin contar los millares de secuestrados, los millones de viudos y huérfanos, los incontables heridos y discapacitados física y mentalmente. Entre 1975 y 2014, la guerrilla reclutó por la fuerza a 11.566 niños y niñas. Victimarios fueron todos los actores. La lista de masacres de la población civil llega a casi 100, a cual más cruel y terrible. En distintas épocas hubo esfuerzos de conciliación. Se llegó, en varios casos, a la firma de acuerdos. Cada uno pasó por una sufrida negociación y, salvo algún pequeño avance, todos fracasaron.
Estaba, pues, llegada la hora de un "basta". La propia guerrilla (hoy los efectivos de las FARC alcanzan a 5765 guerrilleros) mostraba agotamiento de su discurso y de su vida nómade en las selvas y montañas del país. El Presidente Santos enfrentó el reto y tras casi cuatro años de negociación se llegó a los Acuerdos de La Habana. El documento final tiene 297 páginas.
Este pacto, que coloca un punto final al conflicto formaliza el consenso sobre "dejar las armas; las garantías de seguridad (para los rebeldes) y la lucha contra las organizaciones criminales sucesoras del paramilitarismo".
La Corte Constitucional de Colombia declaró la constitucionalidad de los acuerdos, pero el presidente Santos quería un plebiscito para dotarlos de legitimidad democrática mientras las FARC, que antes pedían una Asamblea Constituyente, se declararon abiertas a una consulta popular. Ella se efectuó el domingo 2 de octubre, para sorpresa de la población, principalmente los jóvenes, los acuerdos de paz fueron rechazados: 6.430.604 votos (50,22%) por el rechazo y 6.373.382 votos (49,77%) por su aceptación. Ahora todos se preguntan ¿Qué va a pasar? ¿Se acabó la paz y continúa la guerra que no para hace más de 50 años?. Las primeras declaraciones fueron animadoras: el presidente Santos dijo que él continúa con sus prerrogativas presidenciales intactas, entre ellas la de mantener la paz y que seguirá adelante con los acuerdos. Instó al diálogo con sus opositores. El jefe de las FARC declaró que ellos ya optaron por la paz y por la vía institucional. El expresidente Álvaro Uribe, jefe de la oposición y enfático defensor del rechazo -quien se autodeclaró vencedor del plebiscito- expresó su deseo de que haya paz y de dialogar con el Gobierno. Los partidarios del "no" sostienen, en general, que ellos quieren la paz pero que no aceptan que se amnistíe a los guerrilleros. El jueves 5 a la madrugada volvió la esperanza: Noruega anunció la concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente Juan Manuel Santos y ello fue interpretado como un extraordinario espaldarazo de la comunidad internacional. Inmediatamente comenzaron a llegar las felicitaciones a Santos y a Colombia provenientes de todos los dignatarios del mundo. El presidente retomó el comando de la situación. Los estudiantes universitarios que habían protagonizado inmensas manifestaciones al día siguiente del plebiscito, salieron nuevamente a la calle a celebrar el premio. Resta saber cuál será la actitud del senador Álvaro Uribe. Algunas horas después del anuncio, felicitó al presidente, en breve mensaje vía twitter, pero sus partidarios dejan entrever que seguirán demorando el proceso, con el argumento legítimo- de que quieren participar en la renegociación de los acuerdos. La revista inglesa The Economist reconoce que existen desacuerdos legítimos acerca de los diálogos y que muchos colombianos no aprueban un posible fin democrático para la guerrilla, donde sean indultados sus graves crímenes y cierra con una reflexión que comparto: "En cuanto a Uribe, no puede admitir que las conversaciones ofrezcan la mejor oportunidad de poner fin a un conflicto que agobia a Colombia con muerte, destrucción y desplazamiento de millones de personas.
Como decía un sabio político brasileño: "hoy sobran los políticos y casi no hay estadistas". El clima que se ha vivido esta semana en Bogotá puede describirse con una imagen que García Márquez usa en su libro Cien Años de Soledad. El párrafo está circulando intensamente en las redes sociales. Dice: "Era como si Dios hubiera resuelto poner a prueba toda la capacidad de asombro y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelación, hasta el extremo de que ya nadie podía saber a ciencia cierta dónde estaban los límites de la realidad".

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora