Aunque siempre se dice que comer despacio ayuda, un nuevo estudio aporta otra razón para adoptar este hábito: al parecer, tomarse el tiempo para disfrutar de una comida, mejora su sabor. Más específicamente, dicen los autores de la investigación publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, el sabor mejora cuando se come respirando de forma tranquila y pausada. Y es que cuando se trata de apreciar un plato o una bebida, las papilas gustativas solo se encargan de detectar los sabores básicos (dulce, salado, ácido, amargo y el llamado umami, ese sabor placentero que tienen comidas como las sardinas, las algas, los champiñones, los tomates y la salsa de soja).
La complejidad, en cambio, proviene de su aroma que curiosamente no apreciamos exclusivamente con la nariz, sino con la parte de atrás de nuestra boca, que se conecta con las cavidades nasales. Esta zona del cuerpo está estructurada de forma tal que cuando respiramos con calma, percibimos mejor los compuestos volátiles que conforman el aroma de las comidas. Para llegar a esta conclusión, los investigadores descubrieron que los compuestos volátiles del aroma de los alimentos se acumulan en la parte de atrás de la boca y la garganta. Al exhalar, en la cavidad nasal, son procesados por las células olfativas.

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