El primero de agosto en toda la región andina se festeja a la Pachamama, la Madre Tierra. Cuando se la ofrenda, se dice que es el principio de todo lo conocido. Y, especialmente, de donde se extrae lo que nos alimenta. Por eso, en forma de agradecimiento, hay que "convidarla" abriéndole "la boca" -un agujero en el suelo- para que por allí "coma" nuestros productos. Esta ceremonia de devolución si bien tiene lugar en toda la provincia, especialmente se realiza en San Antonio de los Cobres, en la Puna salteña, donde se hace la Fiesta Nacional de la Pachamama.
"En realidad, todo el mes es de la Pachamama", explica Vicente Arias, de la comuna puneña. "Creo que esta vez el primero de agosto cae lunes, apenas comienza la semana. Pero no importa el día que caiga, es una jornada especial. Por ley está instaurado que en el municipio los días primero de agosto debe dedicárselo a la Pachamama", explica Vicente.
De esta manera, se repite en esta fecha, siempre a las 10 de la mañana y en la plaza central del pueblo, una ceremonia para darle de comer a la Madre Tierra, con autoridades, pueblo y artistas. Diferentes platos se convidan a los presentes. En conjunto, prefiguran toda una gastronomía que, con las características de cada región y su producción, está enteramente dedicada al aspecto ritual de la Pachamama. "Un plato característico de estos días en San Antonio de los Cobres, por ejemplo, es la "tistincha'', que son los menudos de los corderos. Están hervidos por horas, al final salen casi desarmados... Después los picantes, de todo tipo: de pollos, de mondongos, cosas fuertes y con muchas calorías. Además hay productos hervidos como maíz, papas, quesos Y lo que son las comidas regionales, como las empanadas, el locro", explicase Vicente.
El plato de la buena ventura
Vicente nos asegura que "no hay fórmulas que haya que seguir al pie de la letra" para festejar a la Madre Tierra. Y que en algunas casas, en medio de la Puna, las ofrendas por humildes no dejan de tener un profundo significado de agradecimiento con la tierra "que todo lo da". "Pero se destaca el "pili'', una sémola que se cocina con aceite nada más, "es como una sémola saltada", explica Arias. "Antes de dárselo de 'comer' a la Pachamama, primero eso pasa de mano en mano. Y cada uno se guarda un poco en el bolsillo o en la cartera. Es un símbolo de fortuna, por eso se lo guarda para que nunca nada falte". Junto a la "boca" de la tierra, junto a la comida -abas cocidas, charqui, chalona, bollos, tortillas fritas o a la brasa- hay bebidas, cigarrillos y coca. "Todo lo que comemos, se lo convidamos a la Pacha", señala Vicente.
En otras regiones, como en la Quebrada de Humahuaca, a veces se cocinan siete comidas hechas con maíz. Por ejemplo motes, tijtinchas, picante de mote, tamales, sopa de harina de maíz, chilcan, y ulpada. Otras veces no se coloca ni un solo hueso, o comidas fritas. Y sí papas hervidas, empanadas, ocas hervidas. Locro, picante de panza y pata, sopa de maní, guiso de quinoa, guiso de trigo, y carne hervida, de cabra o de llama. Manjares de la misma tierra, transformados y devueltos.
Dependiendo de la hora elegida, no falta el "yerbiao", hecho con las plantas aromáticas de la zona, como cedrón, toronjil, peperina, menta, yerba buena, burro, muña muña, etc. Todas estos productos se ponen en un jarro grande de cerámica o metal, luego bastante yerba y azúcar. Al preparado se lo rocía con alcohol, se enciende todo y se lo "apaga" con agua hervida, para servirlo a los presentes y a la Pacha.
"No hay reglamento hecho, sino el criterio de cada uno. La idea es que cada uno ofrezca lo mejor de sí", explica Vicente. "Por ahí pasan semanas preparando, otros ofrecen lo más simple, un pedazo de pan, un picantito hecho a propósito con chalonas... Solo hay que dar".

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