Marina Balti (40) es agente de Tránsito y con ello eligió una profesión que le conlleva un gran sacrificio físico como pasar fatigosas horas parada a cielo abierto y expuesta a las inclemencias climáticas. Sin embargo, su trabajo la colocó en dos oportunidades en el lugar justo y a la hora indicada para salvar dos vidas humanas. Por ello, Marina defiende que Lo suyo es ser una agente que recorre las calles con la concepción irrenunciable de que la seguridad vial se basa en cuatro pilares: concientización, educación, sanción y control.
Ella ingresó en la Subsecretaría de Tránsito hace trece años. Antes se desempeñaba como personal de limpieza en la salud pública y privada. En ese ámbito se le hizo carne una vocación de servicio al prójimo muy fuerte, aunque no pudiera ejercitarla como hubiera anhelado hacerlo. "Me gustaba ver cómo los médicos y enfermeros atendían a los pacientes. Estaba atenta a sus movimientos porque toda su labor me daba curiosidad. Aunque era mi carrera soñada, nunca pude estudiar enfermería", dice hoy a El Tribuno, sin atisbos de resentimiento en la voz.
Como funcionaria pública está investida de autoridad para regular la circulación vehicular y peatonal y vigilar, controlar e intervenir en el cumplimiento de las normas de tránsito.
"El agente no es solo un policía que está para hacer cumplir las normas. La calle te enseña mucho. Estás siempre en determinados lugares, ves pasar a las mismas personas y sos como un familiar más para los contribuyentes", señala. Enseguida completa esta visión parcial del conjunto. "También la calle es dura. A veces te toca tratar con gente atrevida a la que no le importa que seas una mujer", lamenta. De hecho aunque todos los ciudadanos debieran entender que el espíritu de la multa es informar, aleccionar y concienciar al contribuyente, la mayoría le atribuye una función privativa: la recaudadora. Así son muchos quienes descargan en ella su mal humor y frustraciones. A pesar de ello no son pocas las veces que Marina llega a su casa con una sonrisa que le tironea de las comisuras de la boca porque algún visitante le agradeció información sobre sitios relevantes de la ciudad o algún ciudadano estimó su cordial atención.
“Mi trabajo me encanta, lo hago a conciencia y lo cumplo con mucho compromiso”.
El lunes 9 de mayo Rubén Toledo sufrió un síncope mientras realizaba trámites en un local ubicado en la terminal de ómnibus. La inspectora pasaba por allí cuando se percató del incidente y no dudó en intervenir. "Estaba dialogando con mi compañero Orlando Cruz -él de civil- cuando vimos que el hombre se desplomó. En ese momento le tomé el pulso y era cada vez más débil. Sus ojos se iban hacia atrás y tenía la boca abierta, estaba sufriendo un shock", recordó Marina. Ella le aplicó maniobras de reanimación cardiopulmonar y consiguió salvarle la vida al hombre en los minutos claves antes de la llegada de la ambulancia. Ese mismo día cuando cumplió con su jornada laboral fue a visitar a Toledo al hospital y se tranquilizó al ver que se hallaba estable. Esos reflejos de acero Marina ya los había probado tener tres años atrás, cuando auxilió a un joven guardiacárcel que derrapó con su motocicleta cuando iba por la avenida Tavella.
"Son personas que se te cruzan en el camino y la gente te dice: 'No los toqués, mirá si te pasa algo o si te contagiás de alguna enfermedad'; pero mi corazón de madre habla más fuerte que las recomendaciones que me puedan hacer y veo que la persona está shockeada y sin saber cómo reaccionar. Quedan tan mal que esto me motiva a ayudarlos", detalló.
Marina es viuda y tiene tres hijos: Leandro (21), con discapacidad mental y ceguera, y Adrián (18) y Lourdes (16), estudiantes secundarios. Por ellos trabaja en las calles de Salta seis horas al día y muchas veces les falta en feriados. Los agentes suelen actuar en cordones sanitarios para fechas donde suelen acaecer situaciones de riesgo como los cultos en honor del Señor y la Virgen del Milagro, las fiestas de fin de año, el carnaval y otros festejos patronales o procesiones y actos cívicos. "En la calle o en la casa cumplir el rol de mujer es complicado, más asumiendo la función de madre sola y de único ingreso del hogar; pero me siento orgullosa de llevar el uniforme y orgullosa también de la tarea de mis compañeros y jefes", señaló Marina, siempre con una mirada generosa y orientada a la comunidad.

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