Hemos empezado un nuevo año con numerosos cambios económicos. Provienen de la nueva gestión del Gobierno nacional que busca sincerar la economía y solucionar los problemas para, a partir de ahí, comenzar a crecer económicamente.

A fines de 2015 terminó la gestión kirchnerista dejando numerosos problemas económicos irresueltos con un relato que propiciaba imponer una idea de gestión progresista que no se verificaba en la realidad. Ello debido a la alta inflación que principalmente perjudica a los sectores de menores ingresos y que encima era negada por las estadísticas oficiales, la no medición de la pobreza e indigencia, el subsidio a clases medias y altas, el estancamiento económico de años y la negación de numerosas dificultades más.

La inflación arrastrada del 2015 (por el déficit y la emisión monetaria para cubrir ese déficit) más los incrementos de precios totalmente injustificados por parte de los empresarios en las últimas semanas de la gestión kirchnerista acentuaron el problema con la suba de precios, cuya solución no se logrará de un día para el otro.

Entre los principales medidas económicas adoptadas para comenzar a solucionar este desbarajuste económico figuran, la salida del cepo cambiario (medida que fue totalmente ineficaz y que generó un subsidio a quienes no lo necesitaban mediante el dólar ahorro y el dólar turismo entre otros), el sinceramiento de las tarifas eléctricas (que subsidiaban principalmente a la Capital Federal y gran Buenos Aires, de nuevo, sectores que no necesitaban ser subsidiados), y ahora debería darse el sinceramiento de las tarifas de gas (similar al tema de las eléctricas) para seguir mejorando la forma en que se gasta el dinero público y reacomodando el resto de los precios relativos.

Por otro lado, y en medidas que ya atañen directamente al sector productivo de Salta, se eliminaron retenciones agrícolas a algunos granos y se disminuyeron otras.

¿Qué queda por delante?

Los próximos desafíos en el corto plazo son básicamente dos:

Lograr un principio de solución con los fondos buitre (el falso nacionalismo ha llevado a deber montos increíbles por intereses punitorios) de manera tal que la Argentina se reincorpore en los mercados internacionales y se consiga financiamiento para obras de infraestructura tan necesarias para el NOA y el país. Esto permitirá impulsar la economía en un momento en el cual nuestros socios comerciales (Brasil China, etc.) no están pasando un buen momento.
Lograr incrementos racionales en las paritarias. En este caso el principal problema es que, bajo la mirada sindicalista es necesario ver la inflación del 2015 para definir el porcentaje de incremento salarial, por lo que se debería hablar de un piso de 30% para comenzar a negociar. En cambio, si se adopta la postura que quiere el Gobierno de definir la pauta salarial en función de las expectativas inflacionarias para 2016, se debería hablar de un 20% - 25%. Ese es el principal problema en el marco de la negociación que se viene. El Gobierno nacional busca fortalecer su posición (hasta un 25%) en base a una actualización en el impuesto a las ganancias (mínimo y escalas) y una suba de las asignaciones familiares.

Hasta ahora la población acompañó estas medidas (aprobación de la gestión de gobierno de más del 70% según Poliarquía y un incremento en el índice de confianza en el gobierno de más del 75% según la Universidad Di Tella), lo cual es sumamente positivo para seguir adelante con el rumbo adoptado.

No obstante estos meses van a ser turbulentos desde el punto de vista económico. Lo importante es tratar de entender qué es lo que se quiere hacer y porqué se lo está haciendo. Es un momento de la Argentina donde debe primar el sentido común y un renunciamiento por parte de los diversos sectores en pos de un futuro mejor para todos.

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Sección Editorial

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