En el capítulo 8 de su "Manual de estilo", Fabián Medina Flores propone unos tips para vestirse para ir al trabajo. He aquí una síntesis de ellos.
Más allá de tu look y estilo, lo más importante para trabajar es estar prolija. El lugar de trabajo no es el espacio para mostrar cuáles son tus preferencias ni tu entusiasmo por la moda. Al trabajar en una empresa o compañía, tenés que representar el lenguaje corporativo. Es decir, hay que priorizar más la imagen de la empresa que la personal. La oficina no es un espacio para hablar de tendencias, ni para ponerle creatividad al vestuario, ni para asistir sexi ni para potenciar tu estilo, sea retro, moderno o romántico. Eso lo dejarás para una cita o una salida con amigos o cualquier otro programa fuera de la rutina.
Los espacios donde conviven muchas mujeres suelen ser un problema porque se genera mucha competencia. Pero en la oficina, eso no puede trasladarse a la vestimenta ni a la belleza. A muchas mujeres no les gustan los uniformes, pero la verdad es que elegir algunas prendas como un uniforme de trabajo puede ser muy práctico. Porque tu ropa no tiene que distraer tu presentación ni las exposiciones que hagas ni el mérito que tiene lo que acabás de exponer ni lo que tenés ganas de vender. En ese camino a los looks de trabajo hay que buscarlos con tanta dedicación como al resto de lo que uno usa. Entre las prendas puntuales a tener en cuenta el calzado es un tema vital. Muchas mujeres usan el mismo zapato el fin de semana que en la oficina y la realidad es que necesitan otro. Sean altos o bajos, tienen que ser clásicos. Y clásicos no es aburridos, sino que se refiere a un tipo de diseño que no tiene información temporal, como sí lo hace una plataforma de corcho o una bucanera por encima de la rodilla. Después, la ropa interior no tiene que ser un tema de debate. No tiene que generar comentarios como: "¡Uy, hoy se trajo la de encaje!". El nude, en lugar de resolver la vida, tiene tonos con los que a veces pareciera que lo que está debajo es negro. Por eso es preferible usar prendas con más cuerpo, como una camisa de gabardina o un suéter, en las que no hay peligro de que se vea tu ropa interior. Esto es sobre todo un problema en verano, cuando los géneros son más livianos y traslúcidos. Para esa etapa es necesario amigarse con las camisetas de seda tipo viso y así evitar los recortes de las transparencias en los que pueden verse el corpiño y la panza.
Continuando con prendas esenciales, hay muchísimos lugares donde un jean está permitido. Pero debería ser el más clásico, el más azul, el más recto. Otra buena opción son los pantalones de gabardina y, si son negros, mejor. Para las prendas de arriba hay lugares de trabajo donde con una remera de algodón uno puede estar bien, en tanto otros podrán requerir una de punto o un suéter. Luego, creo que no existe un lugar donde uno pueda estar mal con una camisa porque podés estar en una boda, un barco, un campo, un cóctel, una entrevista de trabajo y vas a estar bien. Sobre todo si es una camisa linda, de seda, sin estampas. No porque las estampas estén mal vistas, sino porque cuentan una historia, y si ese cuento te supera, está mal. Es información que habla más rápido que uno. Y una camisa de seda gris o de algún color terroso, por ejemplo, es tan efectiva como lo es una celeste para un hombre, ya que son tonos que no compiten con la mujer ni dejan en evidencia el diseño de lo puesto. Y arriba de estos elementos una chaqueta es una gran aliada. Es casi el mejor invento después del jean porque es un ítem que te viste rápido y emprolija la imagen; es como un bonus a lo que uno lleve. Si tenés una remera simple, con una chaqueta se vuelve elegante. Siempre suma.
Así los equipos ideales para la vestimenta laboral son: 1) una remera de seda gris, un jean, unos lindos zapatos y algún accesorio elegante como un reloj. 2) Una camisa blanca o celeste de algodón, poplín o gabardina liviana, un pantalón sastrero, mocasines o stilettos. 3) Un vestido camisero o tipo chemise de algún color tostado, tabaco o nude, unos zapatos y unos aros pequeños. En los tres casos puede acompañarse con un bolso correcto, de esos que se sabe que son lindos, pero que no tienen un diseño estridente, o una cartera para llevar al codo, el pelo recogido y la cara despejada, un poco de maquillaje en los ojos y una sonrisa.

Las miradas

"Lo mejor es que nos dan el uniforme"

"Pertenezco a una de las pocas firmas que pagan a diseñadores para que se encarguen del vestuario de cada temporada. Considero que es un privilegio y una emoción usarlo". Josefina Domínguez

"Nos costó pensar el uniforme"

"Trabajo en un proyecto de educación no formal y la idea era crear un uniforme para que la comunidad nos identificara. Fue un desastre porque parecían batas de enfermera lo que nos dieron". Cintia Solá MAESTRA ESPECIAL

"Aburrida del azul y blanco día tras día"

"En la empresa hay dos áreas. Una parte del plantel trabaja 'de civil' y otra con uniforme. Las de este último grupo detestamos usarlo todos los días, mientras el resto luce looks diversos". C. M. ADMINISTRATIVA

"Uniforme versus aire acondicionado

"Trabajo en una compañía que no permite que usemos nada en el cuello y tampoco más de una camisa debajo del saco y nos mata el aire acondicionado. Ni pensar en un pulóver". Romanella Torres GUÍA TURÍSTICA

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