Una vez más Amado Boudou demostró su poco apego a la formalidad. Mientras hoy disfruta su dorado exilio en México, se descubrió en una oficina del Banco Nación, que era el despacho asignado al exvicepresidente, una especie de "boliche bailable".
La oficina estaba cerrada con llave y una "Caja de Pandora" se abrió al ingreso. Las nuevas autoridades debieron forzar la cerradura, apareciendo luces psicodélicas de múltiples colores y un costoso equipo musical como eje central del decorado. Allí, entre las bóvedas que custodian parte de la economía argentina, nacía la fuente de inspiración para que Boudou compusiera alguna de las canciones de la "Mancha de Rolando", el conjunto musical que alguna vez integró. Esta faceta demuestra la caradurez e impunidad con que se manejaba, porque mientras recrudecían las críticas contra el gobierno que integraba, él miraba para otro lado. Bailar en la cubierta del Titanic es una frase de uso internacional, por la que se califica a una persona que, ante una situación de inminente peligro, opta por hacer caso omiso de las advertencias del riesgo y asume una actitud de indiferencia. Amado actuó como si estuviera a bordo del barco que se hundió en 1912, bailando al compás de la orquesta mientras se desencadenaba el hundimiento. Por ahora, Amado Boudou no se subirá al escenario a tocar la guitarra con su pose ganadora, en razón de que las complicaciones judiciales son cada vez más y en cualquier momento será más buscado que los hermanos Lanatta. Por su parte sus amigos del rock siguen facturando y resultando beneficiados de los contratos oficiales. A pesar de que el líder de la banda dijo: "Si gana Macri me voy del país".
El único que se fue fue Boudou. En las cálidas aguas de las playas mexicanas, con su mechón al viento, repasa una y otra vez su regreso; mientras las ruinas mayas intentan no sucumbir a su falso discurso.

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