Con el comienzo de la implementación del blanqueo y moratoria impositiva se abre un capítulo que ayuda a las cuentas públicas, su financiamiento y un apoyo a la deseable expansión de la demanda agregada.
Con esta herramienta se pretende alcanzar o mejorar la meta de déficit fiscal primaria de 4,8% del PBI de 2016 sin sobresaltos y generar algún colchón adicional de financiamiento prácticamente sin costo para encarar el 2017 (que exige recorte adicional de 1,5% del PBI).
Aun consiguiéndolo, la situación es tal que alcanzar el objetivo para el año próximo se basa en las derivaciones de reactivar la economía y/o seguir avanzando con reducciones graduales en subsidios y otros gastos. Aparte están las intenciones de una reforma tributaria integral.
Como la meta está expresada en relación al PBI, la reciente revisión de esta serie a precios corrientes atribuidos al mayor reconocimiento de inflación previa acumulada (más que compensando el menor crecimiento real del mismo período) implica que la meta de déficit del 4,8% del PBI sería equivalente al 4,4% con los valores ajustados del PBI de 2015.
En el primer semestre se observan ingresos creciendo prácticamente lo mismo que el gasto primario, aún sin considerar aquellos por transferencias de Anses y BCRA (ambos 27%). En el semestre el déficit primario neto de esos ingresos fue de ARS 121 mil millones, un 25% superior en términos nominales al del mismo semestre de 2015, pero 10% inferior en términos reales (deflactado por inflación promedio del mismo período y, en consecuencia también en relación al PBI). Sin embargo, es difícil extrapolar lo sucedido en ese período para el resto del año, ya que estuvo muy influenciado esencialmente por una caída en gastos de capital (-4%, que ahora se pretende recuperar) y en alguna medida determinadas transferencias a provincias.
Como sabemos, para el resto del año tendremos una disminución de subsidios, aunque menor a la prevista por la judicialización de los aumentos anunciados por el Gobierno, los ingresos extraordinarios por el blanqueo y la moratoria. Éstos contrarrestados por mayores erogaciones, entre las que se destacan los mayores compromisos en materia previsional, que serán particularmente importantes a partir de 2017.
Para el segundo semestre del año, el cumplimiento de la meta del PBI (revisada, de 4,4%) permitiría un déficit 62% superior al del mismo período del año pasado, o ARS 238 mil millones. En materia de su financiamiento, el BCRA y la Anses aportarían el 70% ($165 mil millones) y el saldo ($70 mil millones) mediante otras fuentes, incluyendo una parte de la emisión de deuda del blanqueo. A priori, esto luce realista dentro de los objetivos propuestos hasta ahora, a pesar de que se prevé un aumento en la inversión en obra pública. A modo de ejemplo, la obra pública podría registrar un aumento interanual en línea con lo observado en el resto de las partidas de gasto en el primer semestre (del orden del 28-30% interanual) y aun así no se resentirían otras erogaciones primarias.
Sin embargo, el déficit primario es muy demandante para los ejercicios posteriores teniendo en cuenta los proyecciones en materia previsional revisadas que implican un incremento del gasto anual superior al 1,3% del PBI.

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Sección Editorial

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