Más de una vez me propuse bajar de peso. Cada vez caminaba hasta la farmacia de la esquina, me subía a la balanza, memorizaba el número que me atormentaba por unos días y luego regresaba a casa.
La última vez la aguja de la balanza tambaleó hasta detenerse en 70 kilos, con ese dato y mi altura consulté las calculadoras de masa corporal a nuestro servicio en internet y, a mi pesar, la calculadora me devolvió el mensaje "¡sobrepeso!" (los signos de admiración los puso la culpa que sentí por los últimos permitidos, no la calculadora).
Empecé a tantear, puse mi estatura real en la calculadora y dije, qué pasa si bajo un kilo, qué pasa si bajo dos.
Recién cuando supuse que bajaría dos kilos apareció el mensaje aliviador de "peso normal".
Y esa fue la meta: llegar, al menos, a los 68 kilos en un mes.
De manera más o menos similar, el gobernador de nuestra provincia, Juan Manuel Urtubey, se fijó una meta, la de terminar la gestión con un nivel de pobreza de un dígito, por debajo de la media nacional.
Pero, vale la pena plantearnos ¿de qué tipo de pobreza estamos hablando?, ¿cuánto nos falta para llegar a esa meta? y ¿cómo se pretende alcanzarla?
Necesitamos algo más de información, la meta por sí sola no es orientadora.
Pongámoslo en términos de mi peso, y supongamos que yo solo les hubiera revelado la meta (68 kilos), pero no hubiera dicho nada sobre mi peso actual.
La historia es muy diferente si empiezo la dieta pesando 70 kilos que 100 kilos.
Evidentemente, para trazar un horizonte tenemos que conocer el punto de partida.

¿De qué tipo de pobreza hablamos?

Lamentablemente no es posible poner a una persona encima de una balanza para saber si es pobre; los procedimientos de identificación son algo más complejos y podría decir que innumerables.
Habrá tantos procedimientos como aspectos del bienestar podamos considerar: ingreso, consumo, educación, trabajo, vivienda, movilidad, libertad y participación ciudadana entre otros muchos.
Todavía más, el número de procedimientos se multiplica ya que en cada uno de esos espacios es posible determinar más de un punto de referencia.
Por ejemplo, alguien puede decir que una persona es pobre si no es propietaria de una vivienda; otra en cambio podría considerar que alguien es pobre si no tiene dos viviendas; una para vivir durante la semana y otra para relajarse los fines de semana.
Claramente entra aquí en juego una escala de valores en la identificación.
Entonces, ¿de qué tipo de pobreza estamos hablando?
¿En qué espacio ha definido el señor gobernador a la pobreza en la provincia de Salta y cuál es su parámetro para identificar a un individuo como pobre?
Sin esa información no sabemos qué es lo que esperamos llegue a tener un dígito cuando termine su mandato.

¿Cuánto nos falta para alcanzar la meta?

Hoy en día no contamos con datos oficiales de pobreza -sí con datos académicos como los que se estiman y difunden desde el Ielde (Instituto de Estudios Laborales y del Desarrollo Económico, Universidad Nacional de Salta)- por lo que no queda claro, de manera oficial, cuán lejos estamos de la meta, y si se trata de una meta alcanzable en el período estipulado.
Sí podemos coincidir en que la pobreza es un mal para la sociedad, por lo tanto no es deseada por nadie (aunque supongo que hay excepciones) y hay que trabajar para aliviarla y erradicarla.

¿Cómo pretendemos alcanzar la meta?

Las formas de medir se perfeccionan tanto por avances científicos como tecnológicos.
En términos de medición de la pobreza, el desarrollo de la metodología conocida como "pobreza multidimensional" es a nuestra área lo fue la invención de satélites para la meteorología; han dejado atrás las limitaciones previas, aunque nunca llegue a ser un conocimiento perfecto.
La metodología de pobreza multidimensional permite identificar cuáles son los problemas que caracterizan a la población en situación de pobreza (educación, salud, condiciones habitacionales, entre otros), quiénes son los más afectados (nativos, mujeres, hombres, migrantes, niños, ancianos), cuántas privaciones tienen a la vez, cuál es el departamento o municipio más pobre y qué privaciones tienen.
Como les conté antes, los métodos para identificar a una persona como pobre son casi infinitos.
El tradicional, el más utilizado, identifica como pobre a aquella persona cuyo nivel de ingreso está por debajo de la canasta básica total.
Entonces, para alcanzar la meta bastaría darle a cada persona en situación de pobreza, la cantidad de dinero suficiente para cubrir el valor de esa canasta.
Pero, ¿es eso suficiente para erradicar la pobreza?
Ciertamente la pobreza es un problema de múltiples causas y por eso es tan compleja de abordar.
Sin embargo, con el detalle de información que proporciona la metodología nueva es más probable que se otorguen prestaciones que realmente se necesitan a quiénes realmente las necesitan.
Son varios los países que ya han incorporado esta metodología en sus medidas oficiales de pobreza, vulnerabilidad e indigencia: Colombia, México, Bhutan, Chile, El Salvador, Costa Rica, Ecuador, Tunisia, Pakistán, Vietnam, Minas Gerais (Brasil). Creo en que un diagnóstico de situación de pobreza, aplicando esta metodología, es una herramienta poderosa, es información útil que permite responder los interrogantes iniciales y por ende orientar las decisiones de quienes diseñan y ejecutan políticas para aliviar la pobreza.
Desde mi lugar, genero esa información intentando no reducirla al ámbito académico sino participando a la sociedad y, con suerte, llegando a oídos de quien o quienes tengan el poder de mover las piezas precisas para lograr el tan anhelado cambio.

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