Enfermedades raras, Síndrome de Down, tipos de cáncer de mama o de leucemia son algunas de las enfermedades que pueden detectarse con la técnica Fish (Hibridación In Situ por Fluorescencia) en el moderno laboratorio de citogenética del que disponen, con justificado e indisimulable orgullo, especialistas del hospital Oñativia. Es el único de esas características en el NOA y, en Salta, ni el sector privado lo tiene. Y se suma a otras técnicas y equipos para estudios genéticos que utiliza el reconocido complejo médico desde hace muchos años. El procedimiento de Fish, montado en el hospital Oñativia en 2010 por Carolina Martínez Taibo, permite determinar enfermedades que no se podían diagnosticar por medio de las técnicas de citogenética clásica que en esta provincia se aplican desde 1978. Con el montaje de la técnica Fish, muchos pacientes estudiados años atrás pudieron volver a ser analizados y así arribar a un diagnóstico preciso.

Los comienzos

El primer laboratorio de citogenética tiene 38 años de antigüedad. "Allí, la mayoría de los estudios se hacen a niños, el 90 % de los cuales tiene algún tipo de malformación congénita, retraso mental, algún síndrome raro (el de Down es el más frecuente) o alguna otra enfermedad genética rara. Mientras que la mayoría de los adultos que atendemos consultan por problemas de fertilidad", explicó a El Tribuno el director Marcelo Nallar. "Con nosotros trabajaba la doctora Silvia de la Fuente, que fue pionera en Salta, pero tuvimos la 'mala suerte' de que se jubilara hace unos tres años, con lo cual la provincia había quedado sin médico que hiciera genética", se lamentó. Por eso, el hospital decidió estimular a la médica Pía Huidobro, que hoy está realizando su formación en genética, en el hospital Garrahan. "Viaja una vez al mes y eso nos ha permitido paliar el déficit que había dejado la doctora De la Fuente", indicó Nallar, quien entre el cargo de subgerente y el actual lleva 8 años en el hospital Oñativia.
Pero el hospital fue por más. Destinó parte de sus esfuerzos a la creación de un laboratorio de biología molecular que principalmente se usa para estudios oncológicos. Sobre este punto, Nallar explicó que "en el hospital hemos sido pioneros en esto. Hay un tipo del cáncer de tiroides (el cáncer medular) que puede tener transmisión a los hijos. Si el paciente tiene mutado el gen que lo produce, estudiamos a los hijos". En los últimos 8 años, en el hospital Oñativia se operaron 12 niños que tenían el trastorno genético pero no la enfermedad. Es decir, se diagnostica al padre y se estudia si el hijo tiene alterado el gen que produce ese cáncer. Si es así, se le extrae la tiroides antes de que se produzca el cáncer. "Esto se llama tiroidectomía profiláctica porque no está el tumor todavía pero sacamos la glándula antes de que aparezca el cáncer", puntualizó el director. Y subrayó: "Este es el presente de esta tecnología de punta que podemos ofrecer a Salta desde el hospital público".
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Christian Moya explica detalles de los equipos. ANDRÉS MANSILLA.
Christian Moya explica detalles de los equipos. ANDRÉS MANSILLA.
De Madrid al Oñativia
Tener este laboratorio de biología molecular (tiene menos de 3 años) "es de suma importancia" para el hospital y para toda la gente, destacó Nallar. "Ahí se hizo una inversión importantísima, no solo en tecnología sino que también se ha repatriado al doctor Christian Moya, un salteño que estaba trabajando en el hospital La Paz, de Madrid (España), graduado en Genética y doctor en Biología Molecular, que cursaba su doctorado en hipertiroidismo. Es un cerebro salteño que estaba dando vueltas por el mundo y ahora trabaja con nosotros", destacó el médico.
"El mundo se sorprende"
Al promediar la charla con este diario, Nallar recordó "la cuenta pendiente" que con el doctor Saravia Day consideraban que tenían respecto de las funciones que debía cumplir la doctora Silvia de la Fuente. "Entendíamos que el hospital no le daba la importancia que tenía esta profesional, por lo cual decidimos apoyarla. Así lo hicimos y ella nos devolvió con muchísimo trabajo y la formación de un laboratorio que hoy es modelo", dijo Nallar, y subrayó: "En cualquier congreso de tiroides, en cualquier lugar en el mundo, se sorprenden porque estamos haciendo biología molecular en un hospital público. No hay que olvidar que estamos en zona endémica porque las patologías tiroideas abundan. Y tenemos la obligación moral de hacerlo".
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Erika Salinas, atenta a la lectura del microscopio. ANDRÉS MANSILLA.
Erika Salinas, atenta a la lectura del microscopio. ANDRÉS MANSILLA.

La enfermedad de la región

El laboratorio de biología molecular permite definir qué hacer con algunos nódulos tiroideos, patología que afecta al 60% de la población de Salta. "Ante el diagnóstico -explicó Nallar- nosotros hacemos una selección de cuáles son los que hay que operar y cuáles no. La gran mayoría, entre el 85 y 90 %, son benignos. Lo que hay que hacer es afinar los estudios diagnósticos para descubrir cuáles son los casos que pueden ser malignos". Es de destacar que en el laboratorio de biología molecular del hospital Oñativia se analizan hasta 7 genes en las muestras de los nódulos tiroideos indeterminados, a diferencia de otros laboratorios privados de Buenos Aires en los que solo analizan de 1 a 4 genes. "Esto es altamente satisfactorio porque se le ahorra una cirugía al paciente. Y uno siempre intenta evitar una cirugía innecesaria, aun cuando las cirugías son cada vez menos riesgosas", añadió el director.

La falta de yodo

Las enfermedades de la tiroides tienen como causa histórica la falta de yodo que hay en esta zona. El yodo es el combustible de la glándula porque sin él no hay producción de hormonas. Salta, Jujuy y el sur de Bolivia están en una región carente de yodo.
Nallar recordó que "el gran médico salteño Arturo Oñativia, cuando fue ministro de Salud Pública de la Nación, reglamentó por ley el enriquecimiento de la sal con yodo para uso alimentario humano y animal. Por ley obligó agregarles yodo a las sales. Con la sal yodada mejoramos esa carencia que había en la dieta y con eso se disminuyó la patología tiroidea, la bociógena". Consignó, no obstante, que "todavía hay zonas alejadas de las grandes ciudades en las que tal vez consumen la sal de los salares (sin yodo), y siguen con una alimentación ancestral donde no llegan los productos nuevos, enlatados, pescados de mar y, obviamente, siguen teniendo bocio. En algún momento de la historia, en los Valles Calchaquíes hasta las vacas tuvieron bocio por falta de yodo. Todo eso se corrigió gracias al doctor Oñativia".

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