El empleador, dentro de las facultades de dirección que le confiere la ley, tiene derecho a ejercer distintos tipos de controles sobre la actividad de sus trabajadores, a saber:
a) control sobre el trabajo prestado (su cantidad, calidad, forma de ejecución, etc);
b) control sobre la asistencia y puntualidad de sus trabajadores mediante sistemas de reloj, planillas, etc.;
c) control sobre los bienes propios de la empresa.
A este último tipo de control queremos referirnos. La empresa cuenta con diversas posibilidades para resguardar la integridad de los bienes que componen su haber. Ello se logra con auditorías periódicas, arqueos de caja, control de inventario, etc; pero las mayores dificultades se presentan cuando se intenta enfrentar el problema del llamado "robo hormiga". Prácticamente ningún tipo de establecimiento está exento de este tipo de pequeño latrocinio, que va desde la sustracción de un lápiz a un sofisticado componente de hardware informático. Para algunos empresarios, estas mínimas sustracciones alcanzan, en su conjunto, cifras alarmantes.
¿Cómo puede el empleador gobernar esta situación? Nuestra legislación (art. 70 LCT) permite que la patronal establezca sistemas de control personal, pero salvaguardando la dignidad del trabajador.
Los controles más generalizados son los denominados "de salida", en los que se realiza la revisación de los trabajadores cuando egresan del establecimiento.
¿Puede negarse el trabajador a ser revisado? En principio no, pero ello siempre que el sistema de control sea generalizado (para todos los trabajadores) y por medios de selección automática que garantice que no hay una intención persecutoria. El empleador no puede dirigir la pesquisa contra un trabajador determinado; si tuviera fundadas sospechas deberá realizar la denuncia penal correspondiente. Tampoco podrá abrir cualquier mueble al que se le haya confiado la llave al trabajador para su uso personal (cofres, cajones, armarios). ­Por más sospechas o certezas que se tengan sobre elementos sustraídos! La presencia de un escribano no le quita la ilicitud al acto ni la invasión de la intimidad del empleado. Solo podrá hacerlo con autorización judicial.
El trabajador que eluda el control de salida incurre en una falta grave que puede justificar su despido, ya que quien burla la vigilancia no solo permite que se sospeche de él, sino que también pone en peligro el sistema de vigilancia y control que la empresa requiere.
La misma ley dispone que los controles deben ser "discretos" y que el personal femenino debe ser revisado exclusivamente por personas de su mismo sexo (lo que se podría considerar discriminatorio para los hombres, que pueden ser revisados por cualquiera).
Los sistemas de control, en todos los casos, deben ser puestos en conocimiento de la autoridad de aplicación (Secretaría Provincial de Trabajo). Se sostiene que también los trabajadores deben ser informados de los sistemas de vigilancia que se establezcan; en la legislación italiana, inclusive, está prohibida la utilización de medios audiovisuales y de otros aparatos para controlar a distancia la actividad de los trabajadores. Este es un tema que irá generando situaciones cada vez más complejas dado el avance de la vigilancia electrónica.

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