Gustavo Cordera dijo ordinarieces procaces y lo hizo en el ámbito de una escuela de periodismo, TEA, que bajo ningún punto de vista comparte esos disparates.
El problema es que la trayectoria pública de Cordera es un reguero de procacidades, más allá del juicio estético que merezca su producción musical.
No hace falta ir muy a fondo: un músico que fomenta que las chicas del público hagan topless es lisa y llanamente machista. Quienes valoran a Cordera como un "referente antisistema" también levantaron la voz, enardecidos -con razón-, contra Juan "Chicho" Mazzone, el intendente de El Bordo, por su escandalosa fiesta con menores.
Las cosas son como son. Cordera es "un antisistema" nacido en los arrabales de Avellaneda, que ahora veranea en el balneario La Paloma, de Uruguay. No le gustan para nada Punta Lara, Quilmes o Mar del Tuyú.
La realidad es que se trata de un exhibicionista capaz de decir cualquier cosa. Lo supo la exrectora de la UNSa Estela Bianchi, cuando lo invitó a pontificar sobre los problemas ambientales de Salta, tema que incorporó a su repertorio al calor de la sociedad que había formado con Juan Carlos Villalonga y Emiliano Ezcurra, operadores de Greenpeace durante el escándalo del yaguareté -que era un ternero-. En esa ocasión, la lengua de Cordera tampoco tuvo límites y calificó de "boludo" al baqueano que había denunciado la trapisonda.
Al mostrarse como es, sin actuaciones, produce el mismo efecto que Sergio Schoklender con las Madres de Plaza de Mayo, o Guillermo Moreno paseando con Acero Cali: desnuda la orfandad ideológica de la izquierda, que reemplazó a los ideólogos por la farándula; a los pensadores por los famosos, cualquiera sea su fama.
Lo bueno de este caso es que la reacción colectiva fue categórica contra él. Lo malo es que alguien tan poco serio haya llegado a ser en algún momento un referente político.
Y lo fue, al menos, en Salta.
Es verdad que la política tienta a los famosos; el Soldado Chamamé, Pablo Echarri, Miguel del Sel y el pelado Cordera responden a esa matriz.
Es verdad, también, que el arte verdadero expresa la realidad social de cada tiempo. Sería bueno que el mundo cultural supiera distinguir al arte de la chabacanería.
En la Argentina es difícil. Si la política tienta a los famosos, la fama de los músicos, los deportistas y los actores es una tentación fuerte para los políticos.

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