Cordillera es una palabra española que proviene de cordilla y hace referencia a cuerdas entrelazadas. Los conquistadores se dieron cuenta de que la cadena andina era un entramado de cordones montañosos que se trenzaban entre ellos, convergían o divergían a partir de algún punto y se cruzaban mutuamente de manera que esas "cordillas" formaban una cordillera. Tan temprano como 1553, Pedro Cieza de León define a la cordillera de los Andes como: "Esta cordillera de sierras que se llama de los Andes se tiene por una de las grandes del mundo, porque su principio es desde el estrecho de Magallanes, a lo que se ha visto y cree; y viene de largo por todo este reino del Perú y atraviesa tantas tierras y provincias que no se puede decir. Toda está llena de altos cerros, algunos de ellos bien poblados de nieve, y otros de bocas de fuego". La fisiografía de América del Sur muestra una estructura montañosa sobre su borde occidental y un gran territorio llano hacia oriente. Dicha cordillera principal tiene un rumbo general meridiano, pero con quiebres y desviaciones en su recorrido. Precisamente en el tramo entre Perú central y Catamarca (Argentina), se divide en dos ramales mayores que son la Cordillera Volcánica y la Cordillera Oriental, ambas distintas en su constitución geológica, pero producto del mismo proceso de subducción de la Placa de Nazca. Entre la amplia variedad de topónimos que designan cordilleras en los Andes Centrales se registran nombres geográficos, geológicos, mineralógicos, históricos, fisiográficos, biográficos, etnográficos, entre muchos otros. La cadena montañosa que acompaña al margen pacífico chileno se conoce como Cordillera de la Costa. Es aquella que Guamán Poma de Ayala le llamara en Perú la Cordillera de la Mar. Más adentro se encuentra la Cordillera de Domeyko, que lleva el nombre del sabio mineralogista polaco Ignacio Domeyko (1802-1889) quién tomó a Chile como su patria adoptiva. Entre la cordillera de la Costa y la cordillera de Domeyko se encuentran los depósitos de nitratos más grandes del mundo en la pampa salitrera. Sobre el borde del salar de Atacama se encuentra la cordillera de la Sal que toma su nombre mineralógico por los voluminosos depósitos de sal gema que la integran. Luego se tiene la imponente cordillera Volcánica que separa a Chile de Argentina y Bolivia, donde se levantan erguidos los volcanes más altos del mundo y cuyas alturas rozan los 7 km sobre el nivel del mar. Del otro lado se tiene la cordillera Oriental que desde Perú y Bolivia llega hasta el norte argentino. Comprende los valles y serranías, los cañones y quebradas, como aquellos de Humahuaca, Calchaquí, Escoipe, Toro, Lerma y otros. Entre la cordillera Volcánica y la cordillera Oriental se extiende el Altiplano-Puna, una gran cuenca cerrada que alberga lagunas, salinas y salares.
"Para los incas todas las tribus al este de los Andes eran chiriguanos, aún los que no hablaban el guaraní".
El cierre de la Puna en su sector austral, catamarqueño, está cruzado por una cadena montañosa que recibe el nombre de cordillera de San Buenaventura. En Bolivia, los grandes cerros nevados al oriente del lago Titicaca, forman parte de la cordillera Real. A principios del siglo XX, el geógrafo alemán Franz Kuhn, padre de la fisiografía argentina, propuso que la cordillera Real llegaba hasta el norte argentino y abarcaba, entre otros, los nevados de Chañi, Acay, Palermo y Cachi. Los viejos salteños llamaron cordillera del Poniente a las altas montañas que se encuentran al oeste del Valle de Lerma. Podrían seguir nombrándose decenas de otras entidades montañosas que por su magnitud son designadas como cordilleras (Chichas, Lípez, Mochara, Mostenes, Apolobamba, etcétera). Sin embargo, una cordillera que despierta la atención por su larga historia y límites imprecisos es la llamada cordillera de los Chiriguanos. A grandes rasgos sus bordes coinciden con las serranías orientales de los Andes y su pie de monte. Las Sierras Subandinas es el nombre que propuso el geólogo petrolero italiano Guido de Bonarelli en la década de 1910 y que arraigó en la geografía regional especialmente de Argentina y Bolivia. Esa frontera imprecisa entre la sierra y el llano fue el bastión que se interpuso al avance del imperio incaico hacia las regiones orientales. Para los incas todas las tribus al este de los Andes eran Chiriguanos, aún los que no hablaban el guaraní. El Inca Garcilaso en sus "Comentarios reales", escribió: "Ya antes de la presencia española, Tupac Inca Yupanqui había contemplado la posibilidad de hacer la conquista de la gran provincia chiriguana y había enviado espías que le informasen sobre ella. Estos observadores regresaron diciendo que la tierra era muy mala, con montañas escarpadas, ciénagas, lagos y pantanos y muy inapta para siembras o cultivos. Además, informaron al Inca que los naturales eran brutísimos, peores que bestias fieras; que no tenían religión ni adoraban cosa alguna; que vivían sin ley ni buenas costumbres, sino como animales por las montañas, sin pueblos ni casas, y que comían carne humana. Con estos datos, el inca resolvió atacar a los chiriguanos, para convertirlos a su religión; pero, al cabo de dos años, sus guerreros salieron de la provincia sin haberla conquistado". Desde antiguo, en los escritos españoles, hay referencias a esta cordillera de los Chiriguanos. Es interesante destacar que el primer hallazgo documentado de petróleo al este de los Andes se produce en esta región y está descripto en el libro "El Arte de los Metales" (1640) del padre Álvaro Alonso Barba. En el Capítulo IX "De otros jugos que se llaman betunes", dice que "de este betún hay en la cordillera de los Chiriguanos, en la frontera de Tomina". En el norte argentino fue el naturalista Leopoldo Arnaud, de la Expedición Victorica al Chaco, el primero en señalar la presencia de petróleo en la cordillera de los Chiriguanos. Los franciscanos de las misiones de Tarija hicieron grandes esfuerzos para la conversión de estos pueblos y muchos fueron martirizados. Abundante documentación sobre las misiones se preserva en la rica biblioteca del convento de San Francisco de Tarija. Una interesante descripción de los Chiriguanos y su comparación con otros pueblos se registra en un folleto que fuera publicado por los salteños Juan Solá y Manuel Solá titulado "Breve estudio sobre el Chaco y el Bermejo" (1879). Dicen allí: "El chiriguano es valiente, generoso, hospitalario, amigo del orden, aseado"; "posee ciertas creencias religiosas y adora a un ser supremo"; "fácilmente pierde su feracidad selvática y se adapta con gusto a la agricultura"; "la mujer chiriguana fabrica telas que tiñe con las plantas tintóreas de los bosques y con esas telas hace su tipoe, especie de túnica que cubre con cierta coquetería su cuerpo"; "estas mujeres son muy aseadas y entre ellas se encuentran fisonomías verdaderamente agradables".
En Santa Cruz de la Sierra existe un monumento al chiriguano. Entre la amplitud de unidades orográficas morfotectónicas, tal vez la única que haga referencia concreta a su origen etnográfico sea precisamente la cordillera de los Chiriguanos.

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Sección Editorial

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Walter LUNA
Walter LUNA · Hace 2 meses

Ricardo: tú opinión de hoy en El Tribuno, es clara y altamente informativa de cuestiones que desconocíamos. Por sobre todo, el tema de los chiriguanos. Y sus costumbres. Excelente artículo.

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