Con la misión de hacer realidad una de sus promesas de campaña, Mauricio Macri y su equipo pusieron en marcha el plan de créditos hipotecarios orientado a la clase media.
Según el BCRA, la iniciativa apunta a "cambiar radicalmente el acceso a la vivienda para las familias argentinas" y a "fomentar el desarrollo con equidad social, uno de los mandatos de la Carta Orgánica".
Básicamente este instrumento proyecta una tasa sobre el nivel esperado de inflación del orden de 5% anual, de modo tal que se aleja de los altos niveles que actualmente se manejan en el mercado.
A diferencia de un préstamo bajo el tradicional sistema francés de cuotas fijas, en el sistema propuesto dichas cuotas son variables.
En el arranque, los créditos se otorgarán a plazos de 15 o 20 años y a un interés real que se moverá entre el 4% y el 7%
"Las UVIs constituyen una opción de ahorro protegida de la inflación, similar al de la compra de ladrillos, pero accesible a todas las familias, independientemente de su poder adquisitivo, a través de depósitos por plazos mínimos de 180 días", afirman desde el BCRA.
El prerrequisito para que un crédito hipotecario ajustable por inflación que acaba de anunciar el Banco Central sea realmente atractivo para las familias argentinas es que el aumento de los precios al consumo descienda a menos de 10% al año, muy lejos de las estimaciones actuales del 25% que se fijó para el corriente año, y ni qué hablar respecto de las proyecciones del consenso de los economistas que la ubican hoy por arriba de 32 por ciento.
De lo contrario, de una cuota inicial que para el caso de un crédito de $1.000.000, equivalente a poco más de US$ 65.000, con tasa fija de 5% anual y un plazo de 15 años, parte de $8.056, la siguiente ya salta a más de $8.300 y la siguiente a $8.650, mientras los ingresos del hogar no ofrecen un sendero de aumento similar y menos aún el del valor de las viviendas.

Los súper admiten la caída del consumo

Criticaron el boicot que agrava la restricción de consumo. El director ejecutivo de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU) Juan Martínez, aseguró ayer que ese sector sufre una "gran restricción del consumo", y minimizó el impacto del boicot impulsado por asociaciones gremiales y de consumidores.
Según el dirigente, durante marzo se registró una "caída interanual muy importante en cantidades vendidas, que llegó al 8%.
Lógicamente esto tiene impacto en la utilidad final del negocio".
"Pensamos que esta situación va a seguir a pesar de que hay una política agresiva de ofertas. Por eso, esperamos que cuando se aplaquen las consecuencias de las medidas macroeconómicas que está tomando el Gobierno, tal vez en el segundo semestre del año, este panorama cambie", vaticinó Martínez. Sobre el boicot destacó que la medida no ayuda a ninguno de los sectores.

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