"Nos tomó por sorpresa", dijo el intendente de General Rodríguez, Darío Kubar, quien no ocultó su asombro por el hallazgo de tres criptas o bóvedas en el monasterio de las Hermanas Orantes y Penitentes de Nuestra Señora de Fátima. Allí José López intentaba ocultar más de 8 millones de dólares. Según el jefe municipal, las monjas que viven en el establecimiento aseguraron a la fiscal de la causa Alejandra Rodríguez que las supuestas bóvedas eran criptas.
"Por las averiguaciones que habría hecho la fiscal con las monjas, estaban con destino mortuorio, para depositar algún cajón por si alguna de ellas pasaba a mejor vida", dijo. Serían para las dos monjas mayores y monseñor Rubén Di Monte quien condujo la Arquidiócesis de Mercedes Luján hasta fines de 2007. Di Monte fue a morar ahí luego de su retiro. Pero nadie publica respuestas de preguntas obvias que nos hacemos. Se habló de interrogar a los albañiles pero comencemos por el principio, 10 preguntas cuyas respuestas son de rápida averiguación.
¿Quién es el arquitecto de la obra? ¿Dónde están los planos? Ahí debe decir que eran criptas y debe haber intervenido un ingeniero. ¿A nombre de quién hizo la factura para cobrar sus honorarios?
A nivel municipal: ¿están aprobados esos planos? Qué dice planeamiento urbanístico. ¿La municipalidad otorgó autorización para que sea utilizado el espacio como cementerio? La respuesta del intendente de General Rodríguez es que no está iniciado ningún expediente.
¿A nombre de quién está el catastro del inmueble del monasterio? ¿A qué terminal enviaban señal las cámaras? ¿Quién es la madre superiora de esas tres monjas? ¿La superiora del monasterio, ¿puede desconocer la obra?
Si es una fundación de Monseñor Di Monte, no tiene una superiora generala, entonces ¿a qué máxima autoridad de la Iglesia hoy responden?
En una jornada, se pueden obtener las respuestas ¿o alguien no quiere que se pregunte?

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Sección Editorial

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Álvaro Figueroa
Álvaro Figueroa · Hace 5 meses

Excelente la nota. Se ve que los protagonistas van a mirar para otro lado, hasta que pase el chubasco. A todos los absurdos, iniciales y sin respuesta, se suman las cámaras de seguridad, que no podían tener otro destino que la vigilancia de lo que se depositara, no "algún cajón por si alguna de ellas pasaba a mejor vida".


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