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Cristina y su triste despedida del poder
Increíblemente, Cristina parece empecinada en erosionar al extremo su imagen en los últimos días de su Gobierno. La mandataria, que sigue creyéndose la dueña del Estado, dejó a toda la Argentina sin transición presidencial, en un hecho y de enorme gravedad institucional para el futuro del país.
Tan bochornosa e incomprensible fue la actitud de la jefa de Estado con Mauricio Macri, que ni siquiera su propio candidato presidencial decidió imitarla. Daniel Scioli, con la altura de un dirigente que busca acercar posiciones y no dividirlas, se reunió hoy a agenda abierta con su sucesora María Eugenia Vidal. Cada día queda más claro que Scioli solo tiene en común con Cristina el nombre del partido que los agrupa: nada más que eso.
La Presidenta, al igual que en casi toda su gestión, está eligiendo nuevamente el aislamiento político que un estadista no debe permitirse. Nombramientos indiscriminados de última hora, resistencia de funcionarios que deberían ser reemplazados sin tensión, sesiones extraordinarias en el Congreso a las apuradas y una suba de casi cinco por ciento en el precio de los combustibles. Todas esas decisiones tienden exclusivamente a erosionar la figura de Macri, sin reparar que la gente se expresó en las urnas a favor de él.
No permitir que haya reuniones de ministros salientes y entrantes antes del 9 de diciembre no es un gesto de intolerancia con Macri, sino con las casi trece millones de personas que votaron a Cambiemos. ¿Qué gana Cristina con esta actitud? Absolutamente nada: lo único que está consiguiendo es retirarse del poder por la puerta trasera, la misma por la que hizo salir ayer a Macri de la Quinta de Olivos.
"Nos quedamos con la boca abierta, no esperábamos que la Presidenta haga oídos sordos al voto popular", sostuvo esta mañana aEl Tribunoun estrecho colaborar de Macri que pidió reserva de su identidad.
El último tramo de la campaña oficialista se centró exclusivamente en generar miedo sobre las eventuales medidas económicas del aún jefe de Gobierno porteño. No abrir los números de la transición ni blanquear cuántas reservas quedan en el Banco Central es, sin dudas, el peor aporte que se le puede hacer a la sociedad para darle certidumbre.

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Sección Editorial

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