Cuando Joyce bautizó a la literatura

Rodolfo Ceballos

Cuando Joyce bautizó a la literatura

Leopold Bloom vive el 16 de junio de 1904 una serie de aventuras en la ciudad de Dublín, en Irlanda.
Bastó un día para que en el mundo de las humanidades, de la literatura, del psicoanálisis, de la matemática y de cuánto ambiente dedicado al simbolismo épico exista se lo recuerde siempre como un mensaje sublime con onda expansiva.
Bloom quedó grabado en la memoria intelectual y narrado con inusual práctica narrativa, no usada por esos años en los retratos humanos que se hacían.
Pero, ese señor pequeñoburgués, Leopold Bloom, no existió jamás. Fue un personaje de papel que inventó la imaginación de James Joyce. Este escritor irlandés hizo que sea el protagonista de su célebre novela "Ulises" que publicó en 1922 y consagrada como la mejor de la literatura inglesa del siglo XX.
"Ulises" es un texto difícil de entender de entrada, lo que ahorra su enamoramiento a primera vista; es la inmensa metáfora de la versión latina de la "Odisea" de Homero y, para uno de sus eximios lectores, el psicoanalista Jacques Lacan, la obra de Joyce fue la pregunta del millón: "¿Acaso Joyce está loco?". Y Joyce fue más allá con la mano de Lacan que llegó a hablar del "nudo" joyceano.
Para el psicoanalista hay tres nudos: lo real, lo imaginario y lo simbólico, que constituyen al sujeto. El desanudamiento de uno de los tres, desanuda a los otros dos. Y Lacan muestra cómo funcionaron flojos estos tres nudos en la vida del Joyce.
El escritor le permite formular el concepto de "sinthome", eso que le permitió vivir a Joyce su existencia. El escritor organiza y suple con su literatura un estar en el mundo.
El tema de los nudos lo lleva a describir la relación de la locura con la creación, en los textos de Joyce.
Después de Lacan, Joyce se hace diferente. Se transformó en una referencia literaria que confronta al sujeto con la psicosis. Desde allí, entonces, Joyce quedará enfrentado a su obra y ya inseparables, autor y texto, para la historia del pensamiento, se podrá mencionar a Joyce como la carencia y el vacío subjetivo.
A Joyce, el representante de la vanguardia literaria, del modernismo inglés. le faltó realmente un padre con consecuencias en su estructuración psíquica.
Es recomendable, a cien años de su publicación, leer su novela semiautobiográfica "Retrato del artista adolescente".
Pero esto no queda ahí, Joyce mismo se fabrica un padre y crea un suplemento, se hace un nombre y logra inscribirlo en la cultura literaria como lo "joyceano" que sintetiza a su literatura con su invención.
Borges dijo que "Joyce es uno de los primeros escritores de nuestro tiempo. Verbalmente, es quizá el primero", y agregó que sus textos "no son inferiores a los más ilustres de Shakespeare o de Sir Thomas Browne".
Leer a Joyce no es fácil. El texto tiene una serie de formas literarias ininteligibles que destruyen el sentido de comprensión del lector.
Pero gracias a las notas, aclaraciones y otras vueltas de tuercas que los editores adornan para esclarecer la obra de las letras joyceanas, el acceso a la lectura tiene claves disponibles.
Por ejemplo, la del argentino Marcelo Zabaloy con su traducción del "Ulises" . Con ella se puede llegar a los enigmas de la locura o entrar a las sabias sentencias de la novela.

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