"Viví en carne propia el dolor más desgarrador que una madre puede sentir y es ver a tu hija sin chances para seguir", dice con profunda sinceridad Nora Díaz cuando recuerda el trágico episodio de inseguridad que le tocó vivir a su hija Jissel, quien hoy tiene 23 años.
Fue en pleno día del 25 de diciembre de 2013 cuando la joven, entonces muy próxima a dar a luz, se desplazaba con su moto por una calle de Orán y fue brutalmente atacada por motochorros, quienes la empujaron para robarle. Ella instintivamente intentó proteger su panza, pero en esos segundos de terror se desplomó sobre el pavimento y todo el golpe lo sufrió en la cabeza.
Gravísima, los médicos le realizaron una cesárea para salvar a su hijo y así llegó Baltasar al mundo.
A casi dos años y pese al horror vivido que dejó a su hija postrada, Nora no deja de sorprenderse y agradecer las muestras constantes de cariño, no solo de amigos, sino de desconocidos que se acercan, a veces con un aporte. Esta madre-abuela tiene 49 años y la angustia experimentada no le borró la alegría ni la amabilidad. Generosa e incansable sostiene a su familia con una energía que asombra y demuestra que es dueña de una voluntad inquebrantable, porque se ocupa personalmente de la recuperación de Jissel y el crecimiento de Baltasar, siempre acompañada por sus otros dos hijos, Yésica, de 24 años e Iván, de 20, además de llenar la casa del maravilloso bullicio de otros dos nietos.
Su vida diaria
Trabajadora como pocas, Nora siempre tiene una sonrisa en el rostro para atender a cada uno de los pacientes que llegan a la clínica privada donde trabaja como secretaria administrativa. Tras su jornada laboral, regresa cada día a su casa, en el barrio Osvaldo Pos, para dar clases de gimnasia "y hacer unos pesitos para asegurarle a mis hijos un futuro, pero sobre todo para garantizar la rehabilitación de Jissel, que de a poquito se va recuperando. Ella era profesora de danzas árabes y estaba próxima a recibirse de técnica radióloga", cuenta esperanzada en el retorno a una vida normal de la joven.
El caso conmocionó a la provincia por su brutalidad y las consecuencias, ya que sufrió un traumatismo encéfalo craneano grave, fue operada dos veces y estuvo con asistencia mecánica respiratoria. Durante su internación contrajo un virus intrahospitalario y los médicos no eran optimistas. Sin embargo, Nora estuvo siempre convencida de que lograría recuperarse y muestra orgullosa los logros de Jissel.
"Hoy, mi principal objetivo en la vida es ver a mi hija de pie, al lado de su bebé que tanto ama", dice sencillamente esta supermamá oranense.
Eva, otro ejemplo de lucha
Hernán tenía casi cinco años de edad y parecía rebelde, no aceptaba las reglas impuestas, era lo que comúnmente decimos, un chico difícil. Hasta que una psicóloga de Rosario (provincia de Santa Fe) le diagnosticó síndrome de Asperger.
Es la noticia que recibió entonces Eva Bernaldez, mamá de Hernán, y también de Sol y de Nacho. Sin embargo, detrás de ese reto tan difícil de afrontar, se reveló una historia de inspiración, valentía y sobre todo mucha fe que muestra a una mujer con un espíritu emprendedor sin límites.
Para la familia fueron muchos años de un largo aprendizaje y hoy decidieron visibilizar esta problemática para ayudar a quienes la sufren y capacitar a quienes trabajen en instituciones a las que asisten personas con este síndrome.
Eva, junto a su esposo Pedro, decidieron hace una década que podían hacer una diferencia en el futuro de Hernán, a quien le gusta la música y la tecnología. Por eso se movilizaron e informaron en busca de alternativas. "Una de las grandes desventajas del autismo es que cada niño tiene un nivel de desarrollo diferente y lo que funciona para uno no lo es para otro. Falta mucha educación y apoyo", dice Eva en su charla con El Tribuno.
Por eso se decidió a gestionar talleres y capacitaciones, con recursos propios, para ayudar a que otros niños con autismo reciban herramientas que los ayuden a lograr una mejor calidad de vida. "Los casos de autismo han ido en incremento: uno de cada 110 niños tiene esta condición", explica.
Precisamente, el hecho de que este chico de 15 años haya podido romper muchas barreras en su aprendizaje y comunicar lo que desea, es una de las satisfacciones más grandes para sus padres, aunque Eva asegura que no hay mejor satisfacción que ser la mamá de Hernán.
Hace dos años que los Bernaldez financian talleres y jornadas para docentes y padres, donde se expone todo sobre el síndrome de Asperger y el autismo para concientizar y preparar a la sociedad para entender e incluir a quienes padecen esta patología u otras y que deben unirnos en solidaridad y comprensión (ver más información en página 43).

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