Cuánto es de feliz la gente

Rodolfo Ceballos

Cuánto es de feliz la gente

La conocida encuestadora internacional Gallup trabaja con distintas universidades en el mundo para medir cuánto es de feliz la gente.
Lo notable es que, en términos generales, la investigación muestra que la gran mayoría de las personas tiende a percibirse como feliz, y solo una proporción más reducida se observa poco o nada feliz.
Se sabe que cada época tiene su concepto de felicidad, la nuestra se caracteriza por definirla según la satisfacción de la demanda que cada uno hace a las instancias en que cree; o sea una proporción: más satisfacción de los sujetos, más felicidad.
Las Gallup en el mundo, con pocas variantes en sus conclusiones, encuestan a personas que dicen ser felices porque tienen mucho o se conforman con lo poco que tienen, y a eso la encuestadora define como "el bienestar subjetivo".
En esta era en que el dinero moviliza al sistema de los valores materiales, los estudios muestran la relación entre bienestar material y el bienestar subjetivo.
Los encuestados definen con distintas significaciones lo que para ellos representa la felicidad. Valoran como factor de felicidad a la familia, amor, salud, hijos, alegría, tranquilidad, paz, trabajo y vida. Parecen pequeños logros pero Benjamín Franklin solía apreciarlos. "La felicidad humana generalmente -dijo- no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días".
El sujeto también está compelido -objeto de las encuestas Gallup sobre la felicidad- a no ser feliz. Los deseos que tiene a lo largo de su vida pueden alejarlo de la felicidad y acercarlo a la insatisfacción; los deseos ingratos son los que le crean esa insatisfacción.
Las personas que comienzan una rectificación de su vida, por ejemplo, cuando inician un análisis, lo primero que reclaman para sí, es la felicidad.
"Hoy la felicidad relaciona el bienestar subjetivo con el material".
Cuando se escriba la historia de la sensibilidad subjetiva de esta época, seguramente será descripta en una amplia paradoja: todos quieren ser felices en una sociedad de múltiples riesgos y vicisitudes personales por el descontrol de las pulsiones.
Lo notable es que a pesar de la angustia, el pánico y otros objetos de la caja de Pandora del siglo XXI, la gente igual sigue demandando felicidad a granel.
Hay distraídos tras el ansia de felicidad. Son los que compran la oferta "infalible" para superar la angustia que le producen discursos vigentes y el saber que preconizan los amos de moda.
Cada uno es portador de desechos de su vida psíquica que lo afecta a buscar la felicidad con variantes particulares. No todos quieren conseguirla de igual forma.
En la actualidad, se asimiló la felicidad al éxito, y el sujeto si no es feliz, pasará al estado de "fracasado", ergo de no ser feliz por desamparo.
Lo contrario de la felicidad hoy es estar embrollado con la falta de éxito. Pero ese embrollo es un síntoma en algunos.
Puesto esto en una perspectiva de un análisis, el sujeto intentará qué hacer con ese síntoma y, tal vez, en ese trabajo, la felicidad venga por añadidura como para escuchar luego que está feliz de vivir.
El contrapunto que tiene la felicidad es un sentido: el sufrimiento.
Las encuestas Gallup, recolectan datos demostrativos de cómo se frustra la demanda subjetiva. Entre las razones más mencionadas por las que los encuestados declaran sufrir se destacan los problemas económicos, los de salud, los laborales y familiares y la pérdida de un ser querido.
Muchos que buscan el análisis parten de las desdichas que recogen las encuestas Gallup; es la pregunta de por qué existe una división: idealizar el éxito y quejarse, a la vez, por qué la felicidad es tan esquiva.

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