Estudiaron cuatro años en la Sede Tartagal de la Universidad Nacional de Salta y si bien la frustración es el sentimiento que los invade cada vez que se refieren a su profesión porque no encuentran ubicación laboral, los técnicos educadores sanitarios se consideran con el suficiente conocimiento para encarar un trabajo eficiente en la lucha contra diferentes enfermedades.
Es el caso de la epidemia del dengue, chikungunya y zika. Remarcan que si bien el foco está puesto hoy en el dengue, no son las únicas patologías sobre las que pueden trabajar.
"El hantavirus, que tiene un índice de mortalidad alarmante, y la leishmaniasis son patologías que no tienen la misma atención, pero siguen cobrándose vidas en la población norteña", remarcan estos profesionales, algunos de los cuales ya llevan 6 años recibidos, pero no consiguen desempeñar la profesión para la que se formaron porque no está prevista en la estructuras de Salud Pública.
Falta concientización
"No somos enfermeros ni agentes sanitarios, sino educadores sanitarios. Nos preguntamos cómo es posible que en Tartagal se hagan 6 descacharrados al año con todo lo que eso implica presupuestariamente y que se sigan sacando toneladas de basura de las casas. Algo no está bien planificado", considera Karina D''Giusti, una de las jóvenes recibida hace unos 5 años, pero que no pudo insertarse laboralmente.
Lo mismo ocurre con Javier Laguna, quien egresó en 2010, y se pregunta "cómo es que teniendo material humano para planificar la lucha contra estas enfermedades no se nos reconoce y estamos sin trabajo.
Gladys Paredes, gerenta del hospital de Tartagal y una de las creadoras de la carrera de Educador Sanitario se dedica a su función, pero el nosocomio no elabora estrategias de concientización ni campañas de abordaje integral.
Los educadores sanitarios coinciden en que "no se deben hacer reuniones amontonando a presidentes barriales, enfermeros, médicos, funcionarios, porque hay que diferenciar los roles y la información que cada recurso humano tiene sobre el problema y el aporte que puedan hacer. Tampoco es lo mismo una campaña en el centro de la ciudad que en una comunidad aborigen, porque hay que contextualizar el trabajo", opinan.
"El centro es mucho más difícil de abordar que las comunidades aborígenes", dicen.
Viviana Andrade es otra de las egresadas de la carrera y trabaja en un programa del Consejo Federal de Políticas Públicas, que finalizará en marzo.
Explica que las familias tienen información respecto del dengue, pero igualmente viajan con frecuencia a Yacuiba, donde hay epidemia. "Eso sucede porque falta concientización. Vivimos en una zona donde tenemos que estar alertas todo el año y las estrategias hay que repensarlas y ejecutarlas. Descacharrar es excelente, pero falta el compromiso y la responsabilidad de cada familia, falta participación comunitaria y eso se logra con estrategias y planificación".

Integrarse laboralmente
Por la falta de reconocimiento de su título, los técnicos en educación sanitaria de la UNSa no pueden trabajar en Salud Pública y solo pueden dictar un par de asignaturas en el área educativa, pero únicamente cubriendo suplencias.
"En mayo se cumplirá un año de una nota que el rector de la Universidad, Víctor Claros, le presentó al gobernador para que se nos reconozca dentro del escalafón de Salud, pero aún no hay respuestas", señaló.
Las autoridades de la UNSa se comprometieron a llegar a un acuerdo con la Universidad Nacional de Jujuy para que los 70 egresados cursen la licenciatura en esa casa de estudios, ya que el pertenecer a la Facultad de Humanidades los habilitaría para la docencia. "Como técnicos no tenemos nada, pero como licenciados y con el título homologado por Jujuy algo podríamos conseguir, además de hacer especializaciones. Esperamos con ansias una resolución definitiva", concluyeron.

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