En el día de las madres quiero dejar un mensaje diferente.
­Cuiden a las madres!
Cuiden mucho más a las madres de la cuales depende la vida de un hijo inválido.
Las madres que tienen un hijo especial cargan con un plus, tienen una vida que resolver a diario como cualquiera y además deben vivir el día a día respirando por el hijo que deben sostener.
Son esas locas madres que deben conservar la cordura aún teniendo toda la razón para enloquecer.
Son, a pesar que se desconozca, juzgadas, abandonadas, incomprendidas.
Son las que no tienen derecho a enfermarse nunca y siempre ante la pregunta ¿cómo estás? deben decir "bien"
¿Qué pasaría si una de estas madres, tras no resistir tanta impotencia, tanta demanda, tanta injusticia, tanta presión, se quita la vida?
¿Qué pasaría con ese hijo?
¿Quién supliría esa vocación de madre especial?, ¿quién reemplazaría a esa mujer que Dios elige porque la considera capaz? ¿Ese final despertaría conciencias?, ¿haría reflexionar?... ¿provocaría, a favor de esas madres que sienten sobrepeso de carga, una mirada compasiva, sin juzgamientos, sin la crítica basada en el desconocimiento propio de estar en la vereda del frente, porque la de ella no la han transitado?
Esas madres aprenden a hacer y decir más de lo que muchos quieren escuchar, el lugar de comodidad todos quieren mantenerlo, menos ellas.
Es posible que solo las madres, a las que me refiero comprendan esta verdad porque padecen esto en soledad desde que la vida las bendice con un hijo especial.
Esta reflexión es dirigida a la familia, amigos, sistema, y sociedad entera que no ha pensado que algún día le puede tocar calzar nuestros zapatos.
Yo soy María Cecilia Viglione una mamá especial.
Soy mamá de Robertino Zilli, un niño especial.
Soy una mamá, igual que todas, golpeada, no solo por la vida.

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