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Daad vino a Salta, para volver a empezar
Otras lejanas tierras la esperaban para volver a empezar. Porque todavía le queda mucho por andar y porque, con seguridad, mañana será un día nuevo bajo el sol.
Lejos del dolor y de la sinrazón de la guerra, y con el corazón desgarrado por la inesperada muerte de su joven esposo, enfrentó el desafío de una nueva vida con la fortaleza de su espíritu, más la que le obligaban a tener sus dos hijos de 15 y 22 años.
Daad Daboul y sus chicos llegaron a Salta hace un año y medio. Vivían en Zeidal, localidad de la gobernación de Homs, cuya capital del mismo nombre es la tercera ciudad más importante de Siria después de Damasco y Alepo. Allá siguen padres, otros familiares y amigos, y los recuerdos para siempre del tiempo compartido con quien fue su compañero de la vida, padre de sus dos hijos. Alta y delgada. Elegante. De cabello y ojos negros y tez blanca. Delicada y afable. Con unas pocas palabras del español en su saber, más la amable colaboración de Gladis Maidah que hizo de traductora, Daad le contó a El Tribuno algo de su vida. Fue un domingo de noviembre después de la misa en la iglesia ortodoxa San Jorge, que oficia el padre Adolfo Barrionuevo, adonde ella asiste cada semana.
Daad no escapó de la guerra siria, estrictamente. Vino a esta ciudad invitada por un salteño amigo de su exesposo, quien le propuso "cambiar de aire" cuando enviudó.
Y aceptó el desafío. Porque, si bien es cierto que a ella no la expulsaron los bombardeos y la sangre derramada inútil e injustamente, la guerra mantiene lozano todo su poder destructor. Por eso, todo el país sufre las consecuencias de cada destilería explotada, cada ruta cortada, cada vida arrebatada porque sí, cada llanto de un niño huérfano, cada madre desgarrada, cada muerte por el intento en medio de algún mar...
La realidad siria es seguida con mucho interés por Daad y sus hijos. Es imposible que estén ajenos a lo que pasa allá. La televisión e internet le acercan el minuto a minuto. El teléfono hace la otra parte. Y mientras ella trabaja (en un bazar) y acompaña el crecimiento de sus hijos, el varón también es empleado en un comercio. Poco a poco se van insertando entre los salteños. Cada uno con sus afinidades, en sus ámbitos laborales y de estudios. Todos, con no poco esfuerzo. Los tres con la nada fácil preparación interior para celebrar la segunda Navidad fuera de casa... O en la casa nueva que le abrió sus puertas en este sitio lejano, para vivir ese tiempo que tanto sensibiliza y tanto convoca a la unión y fortaleza familiar. Como pueden, la vida de ellos sigue en tierra argentina. Por el momento no saben si algún día podrán volver a Siria, como tampoco saben cuándo y cómo terminará la guerra. La única certeza que tienen hoy es que quieren la paz en su tierra lo antes posible. Cada día que pasa, el idioma, los olores y sabores y las costumbres del norte argentino son más cercanas para Daad y para sus chicos. Pero las raíces son las raíces. Y Siria es Siria.
La vida no vale nada
Siria. Marzo de 2011. Lo que comenzó como un levantamiento pacífico contra el presidente Bashar al Asad se convirtió en una brutal y sangrienta guerra civil. En los orígenes están la desigualdad social, la corrupción, la pobreza, la violación de derechos humanos, lo que llevó a movimientos sociales, grupos espontáneos y organizaciones a movilizarse para reclamar por un sistema más igualitario. Lejos de conseguir su fin, estas primeras demandas de justicia ardieron cuando fueron acalladas violentamente por el gobierno sirio. Había empezado el conflicto.
Un grupo de adolescentes que había pintando consignas revolucionarias en un muro escolar en la ciudad sureña de Deraa, fue arrestado y torturado por las fuerzas de seguridad. El hecho provocó protestas prodemocráticas, inspiradas por la Primavera Árabe. Junio de 2011. Miles estaban protestando en todo el país exigiendo la salida de Al Asad. Y, por supuesto, a medida que el levantamiento de oposición se extendía, la represión del gobierno se intensificaba.
En 2012. Los enfrentamientos llegaron hasta la capital Damasco y la segunda ciudad del país, Alepo. Para entonces, el conflicto ya se había convertido en más que una batalla entre aquellos que apoyaban a Al Asad y los que se oponían a él. Y adquirió pronto características sectarias enfrentando a la mayoría sunita del país, contra los chiítas alauitas, la rama musulmana a la que pertenece el presidente.
¿Quién contra quién?
La rebelión armada de oposición ha evolucionado significativamente desde sus comienzos. El número de miembros de la oposición moderada seglar ha sido superado por los grupos islamistas y yihadistas,
como el autodenominado Estado Islámico (EI), cuyas tácticas brutales han provocado indignación global, y el Frente al Nusra, un grupo afiliado a Al Qaeda. Los combatientes de EI han creado una "guerra dentro de una guerra" en Siria, enfrentándose tanto a los rebeldes de la oposición moderada como a los yihadistas de Frente al Nusra. También combaten al ejército kurdo, apoyado por Estados Unidos.
Desde 2014, Estados Unidos, junto con el Reino Unido y Francia, han conducidoincursiones aéreas contra EI en Siria, pero han evitado atacar a las fuerzas del gobierno sirio. Rusia lanzó una campaña aérea en 2015 para "estabilizar" al gobierno sirio tras una serie de derrotas infligidas por la oposición

¿Cómo se involucraron las potencias internacionales en el problema de Siria?
Irán, que es chiita, es el aliado árabe más cercano de Al Asad. Siria es el principal punto de tránsito de armamentos que Teherán envía al movimiento chiita Hezbolá en Líbano, el cual también ha enviado a miles de combatientes para apoyar a las fuerzas sirias.
Se cree que Teherán ha gastado miles de millones de dólares al año para fortalecer a las fuerzas del gobierno sirio, ofreciendo asesores militares, armas, crédito y petróleo. Rusia intervino desde un inicio apoyando la supervivencia de Asad en el gobierno, lo cual es crucial para mantener los intereses de Moscú en ese país. Estados Unidos, por su parte, insiste en que Al Asad es responsable de enormes atrocidades y debe dimitir.
Arabia Saudita es otro participante en esta "guerra subsidiaria". Para contrarrestar la influencia de Irán, su principal rival en la región, ha enviado ayuda militar y financieraimportante a los rebeldes, incluidos losgrupos con ideologías islamistas.
Turquía es otro acérrimo simpatizante de los rebeldes, pero ha intentado que Estados Unidos limite su apoyo a las fuerzas kurdas, a quienes acusa de simpatizar con su enemigo, el proscrito Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Los rebeldes de la oposición siria también han atraído varios grados de apoyo de otras potencias regionales, como Qatar y Jordania.
El mayor éxodo de la historia reciente Naciones Unidas asegura que, hasta agosto de 2015, más de 250.000 personas habían muerto en Siria. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos, un grupo de monitoreo basado en Londres, indica que hasta septiembre de 2016, la cifra de muertos es
de 301.000. Pero el Centro de Sirio para Investigación Política, un organismo de estudios independiente, calcula que el conflicto ha causado 470.000 muertes. No hay cifras confiables sobre el número de personas que han muerto o sido heridas en el conflicto. Algunos cálculos colocan la cifra de muertos en más de 470.000. Según cifras de la ONU, hasta febrero de 2016 más de 4,8 millones de personas habían
huido de Siria, la mayoría mujeres y niños. Los países vecinos -Líbano, Jordania y Turquía- están enfrentando una crisis tratando de albergar al que se considera es uno de los mayores éxodos de refugiados de la historia reciente.
Otro 10% de refugiados ha buscado asilo en Europa, lo que ha provocado divisiones en estos países sobre cómo compartir la responsabilidad. Casi la mitad de la población siria de 23 millones, antes de la guerra, ha sido desplazadapor el conflicto.
Según la ONU se necesitan US$3.200 millones
de ayuda para los 13,5 millones de personas, incluidos seis millones de niños, que requieren ayuda humanitaria dentro del mismo país.
Cerca de 70% de la población no tiene acceso a agua potable, una de cada tres personas no puede satisfacer sus necesidades alimentarias básicas, más de dos millones de niños no van al colegio y una de cada cinco personas vive en la pobreza. Las partes en conflicto han complicado aún más la situación al rehusar el acceso de las agencias humanitarias a los necesitados.
¿Y el final?
Al parecer, ninguna de las partes involucrada es capaz -o está dispuesta- de infligir una derrota decisiva contra la otra, por lo tanto, la comunidad internacional concluyó hace mucho en que la única forma de poner fin a la guerra es una solución política. Sin embargo, la muerte sigue, en la

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