David Slodky es licenciado en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba. Fue docente e investigador, pero actualmente trabaja exclusivamente como psicoterapeuta, privadamente. Slodky es, además, un gran amante y difusor de la literatura salteña.
¿Hace cuánto que ejercés y cuál es tu especialidad?
Desde 1970. Por alrededor de 10 años pivoteé sobre dos especialidades. Por un lado, la metodológica, basada en métodos cuantitativos aplicados a la psicología y a la educación. Me formé primigeniamente con el doctor Franco Murat, un especialista que vino desde Italia a la Universidad Nacional de Córdoba y fui su alumno y luego colaborador docente e investigador. Por otro lado, la psicología clínica, en la que me formé primigeniamente con los doctores Néstor Braunstein y Marcelo Pasternak, en el Hospital Nacional de Clínicas de Córdoba. Fui además coterapeuta con el doctor Braunstein, hoy y desde hace muchos años una eminencia en México luego de que tuviera que exiliarse. Actualmente ejerzo como psicoterapeuta, desde que la dictadura me forzó a abandonar la especialidad metodológica que necesita siempre de apoyo institucional, o partir al exilio.
Según tu vasta experiencia, ¿cuál es la relación del salteño con el psicoanálisis?
No existe "el salteño". Hay muchos salteños que reniegan de este aventurarse en las honduras del alma, muchos que encuentran un salvavidas en él, y muchos que lo practican no sólo para adentrarse en esas profundidades, sino fascinados por la posibilidad del conocimiento de sí mismos y de los mecanismos psíquicos inconscientes que muchas veces nos determinan.
¿Cambia la psicología del hombre como sujeto social, así como cambian la tecnología, la ciencia, las fronteras, etc?
Existen componentes variables e invariantes. En mi nouvelle "Y entonces él habló", una especie de reescritura del Libro de Job del Antiguo Testamento, comienzo el lamento de Job con una cita del Martín Fierro, y deambulo por el Antiguo Testamento, por el Talmud, por Jacobo Regen, por la dictadura argentina, por Calderón de la Barca, por Paul Valery, ­por tantos! Es un recurso literario de intertextualidad para expresar que las angustias, dolores y soledades del hombre, son constantes a lo largo del tiempo. Pero, por otra parte, es imposible tratar a la juventud de hoy sin un conocimiento del avasallante mundo tecnológico que hoy nos invade y compromete nuestra interioridad. Hoy puedo acudir a Epicuro o a Séneca para indicar algo a alguien que me consulta, pero no puedo dejar de conocer y manejar los pensadores modernos y postmodernos.
Sos un amante de la literatura, especialmente de la obra de César Luzzatto...
Soy un amante de la literatura y además intento practicarla además: tengo 5 libros ya publicados y 5 más sobre los que estoy trabajando y espero ir dando a luz. Soy un amante de la poesía y un transmisor de ella por una particular y pasional forma que tengo de interpretarla. La obra de Luzzatto conjuga la maravilla de la alta poesía (su poemario "Güemes" es para mí una joya de la literatura hispanoamericana) con la increíble epopeya de la tierra en armas dirigida por el Héroe Gaucho. Harold Bloom decía que los griegos llegaron a ser lo que fueron por la influencia que tuvo en ellos, desde niños y jóvenes, la poesía épica de Homero, con "La Ilíada" y "La Odisea", que fueron llevando a que se consustanciaran con los valores que trasuntaban. Pues bien para mí Luzzatto es nuestro Homero, Güemes nuestro Aquiles y el "Romancero de Güemes" que creé y difundo desde hace 20 años en base al poemario de Luzzatto, nuestra "Ilíada".

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