Entre las diversas molestias que puede padecer una mujer durante la gestación, una de las más frecuentes es la aparición de calambres, fundamentalmente durante la noche.
La contracción involuntaria de los músculos se llama espasmo. Cuando un espasmo se mantiene durante un período de tiempo y es intenso en su contracción, el cuadro se convierte en calambre.
Son dolorosos, súbitos e impredecibles, pero varios estudios científicos demostraron que la ingesta de alimentos ricos en magnesio o suplementos de este mineral reducen la frecuencia y la intensidad de los calambres durante el embarazo.
Los calambres son involuntarios, localizados, generalmente producen un dolor intenso y se sitúan con más frecuencia a nivel de la pantorrilla. Son contracturas musculares que se originan por descargas espontáneas de los nervios y se calcula que entre el 30% y el 45% de las mujeres los sufren durante el embarazo.
"Durante los 9 meses de gestación, la mujer posiblemente vaya a enfrentarse con diversas incomodidades, tales como náuseas, estreñimiento, edemas de tobillos o hemorroides. Si para prevenir y tratar alguno de estos síntomas encontramos medidas efectivas y seguras, es oportuno implementarlas para hacer que ese período sea lo más llevadero y distendido posible para la futura mamá. Existe evidencia suficiente para pensar que estamos en condiciones de hacer algo contra los calambres nocturnos", remarcó Jorge Franchella, médico deportólogo y cardiólogo, director del Centro de Investigaciones sobre Magnesio (CIMS).
Sueño interrumpido
Los calambres inducidos durante el embarazo tienden a ser más frecuentes durante la noche y la interrupción del sueño producida por esta complicación no es inocua. Se ha observado que períodos de sueño inferiores a 6 horas se asocian con trabajo de parto más prolongado y mayor necesidad de procedimientos quirúrgicos.
Durante el embarazo, existe una tendencia al déficit de magnesio debido a un aumento fisiológico de la excreción de este elemento por el riñón. Recientemente, diversas investigaciones vincularon ese déficit con el riesgo de padecer calambres durante la gestación.
Una investigación publicada este año en la prestigiosa revista Maternal & Child Nutrition, incorporó mujeres con un período de gestación entre 14 y 34 semanas que sufrían de calambres en las pantorrillas con una frecuencia de dos o más por semana. Ochenta embarazadas completaron el estudio. De este total, 41 recibieron magnesio (300 mg/día) y 39 recibieron placebo. Al término de las 4 semanas, la reducción del 50% de la frecuencia de los calambres fue significativamente mayor en las mujeres que recibieron magnesio, en relación con las que recibieron placebo. La intensidad del dolor producida por los calambres también fue significativamente inferior en el grupo que recibió magnesio. Al respecto, el doctor Franchella puntualizó que "este estudio demostró que el aporte complementario de magnesio es una estrategia oportuna para tratar los calambres durante el embarazo y el dolor que generan. Además, el número de mujeres con ausencia total de calambres fue significativamente superior en el grupo tratado en relación con el grupo placebo, lo que es auspicioso".
Cómo incorporar magnesio
"El magnesio se puede incorporar a través de alimentos ricos en este nutriente, como vegetales, cereales, legumbres, ciertas carnes, cacao y mariscos. Sin embargo, en los últimos 50 años la ingesta de magnesio ha caído considerablemente debido a refinamientos y otros procedimientos realizados en los alimentos, sumados a una reducción en el consumo de frutas y vegetales", explicó el médico. Se sugiere incrementar el consumo de bananas, uvas, duraznos, paltas y dátiles, fuentes maravillosas de potasio y magnesio. Así como evitar el consumo de harinas refinadas que tienen niveles bajos de magnesio. En su lugar, consumir granos enteros, cereales y frutos secos.
Adolescentes y mujeres de bajos recursos
Un estudio en 160 embarazadas demostró que las madres adolescentes fueron más propensas que las de 20 o más años a presentar niveles bajos de magnesio en una relación de 100% vs. 20,75%, y que las mujeres de baja clase social tenían 5 veces más chances de desarrollar hipomagnesemia que las de clase socioeconómica satisfactoria y holgada: 100% vs. 23%. Otra investigación demostró además que el aporte complementario de magnesio durante el embarazo contribuye a evitar el riesgo de hipertensión (preeclampsia), que es una complicación importante que puede afectar la evolución del embarazo y el parto. Si la mujer embarazada no incluye en la dieta las cantidades adecuadas de magnesio, que son esenciales para el desarrollo del feto, puede aumentar el riesgo de parto prematuro, calambres, preeclampsia y de eclampsia, que es una afección grave si ocurre en el embarazo.

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