China reaccionó con furia, como era de prever, a la incursión de un buque de guerra de la Marina de Estados Unidos en los alrededores de las islas artificiales en el mar del sur de China, cuya soberanía reclama. El barco Lassen, equipado con misiles, entró en esas aguas "de manera ilegal" y fue "supervisado, seguido y advertido" por las fuerzas chinas, aseguró el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores en Pekín, Lu Kang.
El viceministro de Exteriores de China, Zhang Yesui, ha convocado al embajador estadounidense, Max Baucus, para quejarse por una acción que considera "extremadamente irresponsable".
Mientras, la prensa oficiosa china advirtió ayer que si la diplomacia del gobierno del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, sigue desafiando al gigante asiático, en especial en el Mar de la China Meridional, tanto Beijing como Washington "deberían pensar en prepararse para un enfrentamiento militar".
"Como Trump todavía tiene que jurar su cargo, China ha mostrado contención cada vez que los miembros de su equipo han expresado puntos de vista radicales, pero EEUU no debería pensar que Pekín tiene miedo de sus amenazas", señala en un editorial el diario Global Times, conocido por su firme patriotismo chino y su relación directa con el gobernante y único Partido Comunista.
El artículo es una respuesta directa a las alusiones que el secretario de Estado designado por Trump, Rex Tillerson, hizo ante el Senado anteayer, dando a entender que Washington no permitiría a China acceder a las islas del Mar de China Meridional que reclaman países vecinos. "A menos que Washington planee lanzar una guerra a gran escala en el Mar de China Meridional, cualquier otro método para evitar el acceso chino a esas islas será estúpido", aseguró el Global Times, que llegó a agitar el peligro de un conflicto atómico.
El Gobierno chino "se opone de manera tajante a que cualquier país emplee la libertad de navegación y de sobrevuelo como pretexto para perjudicar la soberanía nacional y los intereses de seguridad de China". Pekín "defenderá vigorosamente su soberanía territorial" y ha presentado ya su protesta ante EEUU tanto en la capital china como en Washington, declaran oficialmente.
Pekín se atribuye con un tono cada vez más firme territorio que se disputan media docena de países y ha acelerado la construcción de islas artificiales sobre arrecifes parcialmente sumergidos.
Washington, que no cuenta con reclamaciones territoriales en la zona pero sí con numerosos intereses geoestratégicos, insiste en que no reconoce las exigencias de Pekín sobre aguas que considera internacionales y va a ejercer su derecho a la libre navegación en el área pase lo que pase.
Según la convención de ley marítima de la ONU, ese límite no es aplicable a islas levantadas sobre arrecifes previamente sumergidos, lo que lleva a EEUU a subrayar que cumple la ley. Pero el Gobierno chino considera desde 2012 esos islotes, así como las Paracel y los bancos de Scarborough, parte de sus "intereses nacionales básicos", al mismo nivel que Tíbet o Taiwán. La rápida modernización de su Marina, convertida en una de sus grandes prioridades estratégicas, tiene como fin, entre otras cosas, defender ese territorio en caso de conflicto.
El secretario de Defensa estadounidense, Ash Carter, confirmó el martes que el buque militar Lassen navegó a menos de 12 millas náuticas de una isla artificial china, pero evitó entrar en detalles.
La Casa Blanca dijo que no podía hablar de operaciones militares específicas, pero defendió que las fuerzas de EEUU sobrevuelen y naveguen en cualquier lugar si lo permite la ley internacional.
"Nuestras operaciones de libertad de navegación no reivindican ningún derecho específico de EEUU", alegó el portavoz presidencial Eric Schultz.

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