El Departamento de Ciencia Animal y Biotecnología de la Universidad de Azabu (Japón) divulgó recientemente un estudio en el que se concluye que el cerebro del ser humano al tomar contacto visual con su perro libera oxitocina, la llamada "hormona del amor", de manera involuntaria. Así, según estos científicos japoneses, no existe una diferencia sustancial entre la oxitocina segregada por mirar a los hijos que la emitida por mirar a los canes.
El vínculo que se gesta con un perro se inicia a través de la mirada. La forma en que se lo mire, se le hable, se lo acaricie y se lo cuide lo hará sentirse un miembro más del grupo familiar. Con igual lenguaje visual también el perro le exterioriza al amo que es parte de él y de su vida. Mediante miradas plañideras el perro logra ganarse el corazón de su amo, que pronto lo ve como a un ser que ama, que le proporciona alegría tanto o más que un amigo o un compañero de vida. Al hombre le inspira protegerlo como a un ser indefenso. En consecuencia llegan a verlo como a un hijo y en caso de no tener hijos, es aún más intenso el amor que puede prodigarle a su mascota.
Si el cerebro por medio de segregaciones determina relaciones afectivas por igual con personas y animales, queda explicado el que haya quienes hablen de "adopción" para la ubicación de perros en hogares, que se refieran a sus "hijos-perros", que digan "soy su humano y él es mi perro" y, en un extremo que supera las cargas semánticas, que les festejen cumpleaños, los hagan comer en la mesa, dormir en la cama y hasta los lleven de vacaciones.

Dos casos

"Amo a mi hija-perra, ya que no puedo tener hijos y vuelco todo mi amor maternal en ella. Sé que no es sano y que tampoco es muy sano humanizar tanto a un perro. La visto, la baño, la llevo a todos lados conmigo y tiene más cosas que yo", le confesó aEl TribunoLuz Espinosa. Por otra parte este instinto maternal volcado hacia los canes no parece ser privativo del género femenino. Es un ejemplo de ello el caso de Raúl López, quien comentó: "Amo a mi perrita, que es como hija, porque en ella veo una responsabilidad paternal que me surgió en mi adolescencia. Ella es alguien que se alegra por mi llegada, que me acompaña a varios lugares. Puedo jugar y estar con ella en sus buenos y malos días. Ya que para tener un hijo humano se requiere de una mujer, estar bien económicamente y ser independiente. Por eso el tener una mascota me permite experimentar el cuidado y la crianza futura de una persona como un hijo, sobrino o nieto".
Según le dijo Claudio Gerzovich Lis, médico veterinario y especialista en comportamiento canino y felino, al sitio Entre mujeres, en el campo popular existe mucho antropomorfismo. Una contraparte del antropocentrismo imperante en el mundo científico. "La gente dice: "A mi perro solo le falta hablar, es un humano'', y en el campo científico se tiende a decir: "No, no, los sentimientos son privativos del humano''. En mi opinión, la realidad pasa por otro lado. Yo creo que no hay diferencia de clase entre animales y humanos; hay diferencia de grado. O sea, somos parte de la evolución. De hecho, muchos de los comportamientos de los humanos son similares, en sus bases, a los de los animales. Entonces es obvio que los animales no son humanos; pero que nosotros, los humanos, sí somos animales", evaluó Gerzovich Lis.
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Este tipo de escenas es cada vez más común.
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Este tipo de escenas es cada vez más común.
La Lic. Carina Salas, directora del Cepsi, expresó que cuando un animal llega a un hogar es deseable que reciba el cariño y los cuidados necesarios para su bienestar. Lo que indudablemente es experimentado por los miembros de la familia vehiculizando afectos, sentimientos y reacciones diversas en cada uno de sus miembros.
"Ellos son como nosotros en muchos aspectos y, a menudo, superan nuestras expectativas, con su sentido de la amistad y la fidelidad", dijo. Añadió: "Debemos cuidarlos, protegerlos, quererlos; pero debemos saber que son animales. Ellos le hacen caso a su instinto y prefieren cosas diferentes". Así según Carina, los perros no se divierten comprando accesorios, viendo la televisión o escuchando música como los humanos, sino que necesitan pasear y jugar, una buena dosis de actividad física para sentirse bien. "Uno de los errores más comunes es la humanización, es decir, atribuir emociones que forman parte del orden humano a los animales como el rencor o la culpabilidad y solo lograremos confundirlo o cuando lo regañamos después de haber cometido una travesura. Él no conoce las consecuencias de sus actos y no tiene la memoria suficiente como para recordar qué es lo que ha hecho mal", explicó.

La crianza del perro no es asunto menor

Considerar en familia que aunque una mascota forma parte de ella, hay ciertos límites en la convivencia, considerando un trato con amor pero como a un animal.
La elección de llevar un perro o un gato a casa debe ser el resultado de una decisión meditada y surgida del consenso familiar. El amo será responsable por la alimentación, higiene, salud (vacunación, desparasitación, revisiones veterinarias, castración), bienestar, comportamiento y socialización de su mascota. Sin embargo, no todos los propietarios honran esta obligación contraída, por ello hay tantos animales vagabundos y callejeros.
El Dr. David Ferri, médico veterinario y director de Zoonosis, habló conEl Tribunosobre la tenencia responsable de mascotas. Sintetizó que es un problema cultural devenido de un desconocimiento de la psicología del animal, por un lado, y de una escasa valoración de la vida animal, por otro. Así planteó que la mayoría de los casos de situación de calle son animales a los que sus dueños no supieron educar y abandonaron a su suerte. ‘Siempre le indico a la gente que antes de adoptar consulte a un veterinario. Lo primero que tiene que entender es que sea cual fuere el perro, si es de raza o caschi, se va a parecer al temperamento de su filiación. De acuerdo con eso se puede saber si esa persona va a poder tener un perro de guardia y defensa, por ejemplo, porque muchas veces se ponen de moda, como pasó con los rotweillers y los pitbulls, y las personas los compran y luego no los quieren más‘, detalló. Amplió que los inconvenientes se inician cuando el animal entra en la pubertad y anhela la dominancia y el territorialismo. “O pedís la eutanasia a un veterinario, algo irresponsable, o lo abandonás”, lamentó.
En esta línea Carina Salas recomendó que un animal equilibrado es aquel que tiene un comportamiento acorde con las características de su raza, sexo y naturaleza y puede adaptarse sin problemas a su entorno; por lo que; lo adecuado es enseñar a la mascota a obedecer órdenes, y respetar el liderazgo humano.

Para no pasar el límite

También para Entre mujeres, el psicólogo clínico Sebastián Girona dijo que para empezar a marcar esos límites, debemos reconocer que estamos ante un miembro “no humano” de nuestro ámbito hogareño. “Me parece que muchas personas le otorgan a su mascota el lugar simbólico y afectivo que se la da a un hijo”, señaló. “En algunos casos, el riesgo es que se intente reemplazar a un hijo por un animal. Es importante tener en claro la diferencia”, continuó.
Sería importante que la persona se pueda preguntar el “para qué” de lo que hace. ¿Para qué llevo a mi mascota a comer a un restaurante? ¿Para qué le festejo el cumpleaños? Así podemos ser más conscientes de lo que hacemos.
  1. También podría ayudar preguntarnos a nosotros mismos: ¿quién lo necesita, el animal o yo? Esto no quita que igual lo haga, pero por lo menos esa persona va a ser más consciente de por quién lo hace en realidad.
  2. Un perro necesita seis palabras para que lo eduquen bien: coherencia, firmeza y paciencia son las tres primeras. Las otras son ejercicio, disciplina y afecto, en ese orden.
  3. Primero, debemos tener los conocimientos y después aplicarlos de manera coherente, firme y paciente. Educar implica, en primer lugar, generar un proyecto educativo. Una vez hecho eso, llevarlo a la práctica siendo coherente en el mensaje, firme en su desarrollo y paciente para obtener resultados.

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