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Denuncian que una llama y un burro son maltratados
Varados al costado de la ruta 9 con dirección a Vaqueros viven desde hace tiempo burros, llamas y hasta hace poco tiempo un quirquincho. El evidente deterioro y descuido en el que se encuentran motivaron a que vecinos denunciaran el hecho hace algunos días pero aún no hubo respuestas.
Si bien la acusación consta en la comisaría 6§ de Ciudad del Milagro, la Policía Rural y Ambiental solo incautó el quirquincho (fue trasladado a la Estación de Fauna Autóctona de la Provincia) y no existió indicación para el resto de los animales. De acuerdo a lo informado por el departamento de prensa y difusión de la Policía de Salta, durante el operativo, los efectivos de la división Rural labraron un acta de contravención por incumplimiento del artículo 91 del Código de Contravenciones (posesión de animales silvestres).
Sin resolución con respecto a los burros y llamas, la denuncia no tendría asidero en el fuero penal y quedaría solamente como contravención.
La situación de los burros, llamas y quirquincho existiría desde hace tiempo y tendría como implicado al propietario de un negocio de chacinados y quesos. Los habitantes de la zona dieron cuenta que los animales se encuentran en ese lugar hace más de cinco años.
El silencio también se hizo extensivo a las protectoras de animales que a pesar de los intentos de El Tribuno por recabar información sobre lo sucedido, no emitieron opinión.
"Siempre pasa lo mismo, existen denuncias pero la burocracia no permite avanzar. El maltrato animal no es una contravención, es un delito penal y para que sea considerado como tal tiene que intervenir un fiscal ordenando el traslado de los animales y no solo de uno", aseguró Carmen Céspedes, abogada especialista en maltrato animal.
Lo que dice la ley
El maltrato animal está contemplado en Argentina desde 1954 por la ley 14.346 y se consideran actos de ésta índole a: la falta de provisión de alimentos en cantidad y calidad suficiente a los animales domésticos o cautivos; azuzarlos para el trabajo mediante instrumentos que, no siendo de simple estímulo, les provoquen innecesarios castigos o sensaciones dolorosas; hacerlos trabajar en jornadas excesivas sin proporcionarles descanso adecuado, según las estaciones climáticas, entre otros.

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