La falta de soluciones por parte de la Municipalidad capitalina las sobrepasó. Vecinas de la calle Rioja al 2400, en el barrio Santa Victoria, decidieron tomar el toro por las astas y ayer colocaron un tacho de 200 litros sobre un bache gigante para evitar que los vehículos, sobre todo los colectivos, se lleven por delante el pozo, ubicado en el medio de la calzada.
A raíz del bache, según contaron las habitantes de esa cuadra a El Tribuno, se desmoronaron cielorrasos y resquebrajaron las paredes de sus viviendas. Explicaron que cada vez que una de las unidades de la línea 4A de Saeta pasa por encima de ese cráter -como lo bautizaron- provoca movimientos en el pavimento que repercuten en las casas.
En el hall de entrada, en una habitación y en el baño, a Sara Cardozo se le cayeron partes del techo en los últimos días. La vecina, cuya casa está al frente del pozo, llamó hasta al 911 para recibir asistencia y personal de Defensa Civil fue hasta el lugar ayer para tomar su denuncia. El viernes a la noche parte del cielorraso de una pieza se desmoronó en el mismo lugar donde segundos antes estaba su nieto en un coche para bebés.
Marta Socorro Ávalos y su esposo ya no pueden invitar a sus nietos a dormir a su casa, ubicada a 15 metros del "cráter". En la pieza acondicionada para los niños se cayó un gran pedazo de techo. Los escombros aún permanecen sobre una de las dos camas del cuarto.
Las consecuencias del bache también atormentan a Cipriana Solano. En varias paredes de la vivienda de la mujer brotaron fisuras desde que el pozo empezó a crecer sobre la calle Rioja al 2400.
"El bache apareció hace unos 40 días y con las vecinas nos cansamos de llamar a la Municipalidad para que vengan a taparlo", contó Cipriana.
La paciencia de la vecina se colmó cuando fue a reclamar al Centro Cívico Municipal (CCM) y le pidieron que presente una foto del pozo y adjunte las firmas de otros damnificados para pedir la reparación. "Pese a la increíble burocracia, este lunes voy a presentar la nota", adelantó.
Según relevaron las vecinas, en las últimas semanas a siete casas se les derrumbó parte de los cielorrasos, y otras tantas tienen rajaduras en las paredes.

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Sección Editorial

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