El Presidente anunció días atrás el envío al Congreso nacional del proyecto del ley de primer empleo, destinado a brindar la primera oportunidad laboral a los jóvenes de 18 a 24 años. Pero además, la iniciativa incluye la extensión de estos beneficios sin límite de edad para las diez provincias abarcadas por el Plan Belgrano. Este proyecto se basa en otorgar exenciones y subsidios a las empresas que brinden esa primera oportunidad de empleo a los jóvenes y a quienes generen empleo en el NOA y NEA. También el Congreso deberá tratar en breve el proyecto de reforma política que incluirá el sistema de boleta única electrónica que será estrenado en las legislativas de 2017. También el PEN pretende que se establezcan auditorías antes y después de la jornada electoral, que se eliminen las listas colectoras, las candidaturas múltiples y que un mismo candidato participe en elecciones nacionales y provinciales en forma simultánea, y se apuesta a que se establezcan mecanismos para fortalecer el control del financiamiento político y un procedimiento electoral con sanciones penales. Esto, junto a la instauración del debate presidencial obligatorio y la creación de un mecanismo de transición entre un gobierno saliente y otro entrante, producirá un cambio radical en la vida política argentina.
Estas políticas estaban incluidas en el programa de gobierno y deberán fortalecer lo que consideramos una de las decisiones más importantes del gobierno de Cambiemos, que fue la creación del Plan Belgrano. Quizás en el área metropolitana no alcancen a dimensionar la importancia que tiene para diez provincias del norte argentino un programa de desarrollo productivo, social y de infraestructura tan ambicioso. Es que si el proyecto cumple con sus principales metas como invertir en infraestructura 16 mil millones de dólares en 10 años, promover un fondo de reparación histórica de 50 mil millones de pesos en 4 años, dar solución habitacional para 250.000 familias, atender la pobreza extrema, establecer acciones contra el narcotráfico, mejorar todos los indicadores educativos y realizar una reforma electoral, sin dudas cambiará radicalmente el perfil social de los norteños. Pero necesitamos que el Plan Belgrano se ejecute de manera distinta a los pocos y mal diseñados programas de desarrollo que se han llevado adelante hasta ahora, es decir, sin promover el clientelismo, sin corrupción, sin que un puente o un programa social signifique moneda de cambio para provocar el alineamiento político del intendente beneficiado. Es que en las provincias del norte es donde reinan los estilos feudales, anacrónicos, donde se viola sistemáticamente la independencia de los poderes, donde los corruptos encuentran tierra fértil para llevar adelante sus negocios espurios, donde el periodismo tiene dificultades para trabajar producto de un mercado de pautas restringido al poder estatal y donde los sectores más vulnerables permiten este tipo de prácticas porque son rehenes de ese modelo de gobierno. Ejemplos sobran, basta ver el bochorno de las últimas elecciones en Tucumán, el manejo perverso de los planes sociales en el Chaco, Formosa y el tratamiento inhumano y clientelar que se les da a los pueblos originarios. Podríamos dar un ejemplo por cada palabra de esta nota. Es por eso que este plan no solo nos tiene que traer desarrollo socioeconómico a la zona sino que debe ser una gran oportunidad para que en estas provincias se impongan modelos de calidad institucional. Y esto puede ser porque siendo el gobierno federal el que administre esos recursos, la ejecución de obras y programas y cumpliendo con lo que prometió en campaña, que es desterrar ese tipo de vicios políticos, podemos confiar que estamos ante una oportunidad única, la de crecer mejorando la calidad de vida de nuestros comprovincianos pero también llevando aparejada una evolución política ligada a la transparencia y a la calidad republicana. Ese, también, debe ser el gran desafío que debe asumir el Gobierno nacional al implementar su Plan Belgrano en provincias tan necesitadas de obras públicas y desarrollo económico como de un cambio político en sus instituciones.
Por eso creemos que ambos proyectos, el de reforma política para mejorar la calidad institucional y el de generación de empleo y desarrollo en el norte, deben ir de la mano.

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