Las primeras luchas obreras, a fines del siglo XIX, llevaban como reclamo no solo la limitación de la jornada a ocho horas diarias, sino también la exigencia de una pausa razonable entre la finalización de las tareas de un día y el comienzo de la actividad en el día siguiente. Ya en 1904 el proyecto de Ley Nacional de Trabajo (que no alcanzó a ser sancionado) establecía una pausa de diez horas entre jornadas. Esta pausa de alguna manera también incidía como límite de las horas trabajadas; por ejemplo un descanso de doce horas implica que no pueden trabajarse más que las doce horas restantes del día. Lo cierto es que hubo que esperar hasta 1974, con la sanción de la Ley de Contrato de Trabajo (aún vigente) En su artículo 197 LCT establece que "...entre el cese de una jornada y el comienzo de la otra deberá mediar una pausa no inferior a doce horas". De tal manera se considera que el descanso entre dos jornadas es el tiempo mínimo que necesita el trabajador para recuperarse del esfuerzo psicofísico efectuado.
El problema con esta norma es que no establece una sanción expresa para el caso de no ser respetada (en derecho una norma sin sanción se convierte en un mero consejo). Lógicamente la autoridad de aplicación podría aplicar multas por este incumplimiento, pero parecería que no es una cuestión que se encuentre entre las prioridades del organismo laboral. Casi todas las industrias y la mayoría de los comercios lo respetan; aunque es fácil de advertir que algunos comercios cierran más allá de 22 y reanudan sus actividades a las 8 de la mañana.

Transporte público

Un sector en el que esta cuestión se vuelve polémica y compleja es el transporte de pasajeros de larga distancia (también en la media). Los distintos convenios que rigen y han regido en este sector establecen un ciclo de 192 horas y solo a partir de su superación se puede hablar de horas extraordinarias. La afectación del descanso entre jornada y jornada, excusada en necesidades de diagramación, es prácticamente la norma en esta actividad.
Ahora bien, la jurisprudencia se ha dividido en cuanto a sus efectos. La Corte Suprema de Justicia de la Nación, en un caso en que los trabajadores solo tenían una pausa de ocho horas entre el cese de la labor vespertina del día viernes y la reanudación de las tareas el sábado por la mañana, precisó que en la situación expresada no podía preterirse la aplicación del art. 197 de la LCT "cuya naturaleza y finalidad imponen la observancia de la pausa establecida en beneficio del trabajador".
Sin embargo, la Suprema Corte de Buenos Aires, en un caso en que se reclamó como "horas extraordinarias" un lapso restado al descanso de 12 horas, dijo que las horas trabajadas dentro de la jornada legal durante el lapso que el art. 197 de la LCT, determina como pausa mínima de 12 horas de prohibición de trabajar entre la finalización de una jornada y el comienzo de la siguiente, no deben ser pagadas con el recargo salarial que establece el art. 201 de dicho cuerpo legal, contemplado para el trabajo suplementario. (Buenos Aires, 30/11/1984, "Regueira, Oscar y otros c. Canale SA").
Uno de los autores de mayor relevancia en el derecho laboral argentino, Juan Carlos Fernández Madrid, ha sostenido que "el trabajador debe ser adecuadamente compensado, de otro modo se produciría un enriquecimiento ilegítimo del empleador".

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