En estos días el clima de convivencia cambió sustancialmente, más allá -como siempre ocurre- de hechos aislados. La efervescencia de los temas en debate quedaron atrás, frente al cambio en la comunicación, propuesto por el nuevo gobierno y, que a simple vista prefieren los argentinos.
No es que desaparecieron los problemas, al contrario siempre vuelven. Las inundaciones que afectan a tantos compatriotas en la zona del litoral sacaron a relucir una vez más la solidaridad de los argentinos. Por más pequeño, el mínimo aporte ayuda, frente a un enemigo natural, que por momentos parece invencible: el agua.
Felizmente se percibe el cambio. Estabamos acostumbrados a otro clima en donde la llamada "grieta" se hacía presente en cada ocasión. La mesa familiar dejaba de ser un salón de encuentro para convertirse en un campo de discusión.
Decía la escritora Beatríz Sarlo: "El problema es la grieta social. Kirchneristas y antikirchneristas volverán a hablarse pero los pobres seguirán siendo pobres". El fenómeno de la "grieta" que hasta hace poco sacudía a la sociedad argentina no se producía desde el final de la primera etapa de gobierno del general Juan Domingo Perón (1946-1955), afirma el analista Orlando D''Adamo, que considera que este espíritu de división se alimentó durante los doce años de gobiernos kirchneristas.
"Para confirmar su identidad política, el kirchnerismo hizo un fuerte énfasis entre el "ellos" y el "nosotros" y lo transformaron en la diferencia entre el amigo y enemigo que es todo aquel que no piensa como uno", explicó el director del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano.
Hoy se percibe un aura de cambio: la Cadena Nacional, como dice el tango: "...vas a entrar en mi pasado..." y la soberbia de Aníbal Fernández se diluyó con la última gota del tentador espumante.

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