Peregrinos del sur de la ciudad comparten el trayecto y la fe. Ayer a media mañana los encontró El Tribuno, descansando, entre Juramento y Las Mesitas. A la vera de la ruta 34 montaron campamento y estaban cocinando pollo, lechón y cordero a la parrilla. Ariel Ceballos (37) es el cuarto año que peregrina. Había salido junto con 180 personas el viernes a las 6.30 de la mañana. Todos recorrieron 30 kilómetros hasta cruce de ruta 34/4, donde se encontraron con el contingente de Metán. El trayecto continúa por Lumbreras y Río Juramento, donde pernoctan. Hoy a las 5 se pusieron en movimiento hasta alcanzar Cabeza de Buey. En su mapa siguen Las Higuerillas y capital. Entrarán a la catedral el 14, a las 11. Así recorrerán 180 kilómetros en seis días. "Llegar a la catedral es algo inexplicable, una mezcla de emociones muy linda", dijo. Cerca de él Olga López (48), ama de casa, contó que peregrina por segunda vez este año. Hace 20 años le diagnosticaron cáncer y tuvo que venir a Salta para tratarse. Olga nació un 15 de septiembre, pero nunca había sido devota de los patrones tutelares de Salta. La experiencia extrema de creerse en la antesala de la muerte la postró a los pies del Señor y de la Virgen del Milagro. "Una tarde fui a la catedral y me la pasé llorando porque tenía una hija pequeña que quedaba sin madre y yo había pasado por esa experiencia. Les pedía que, por favor, me hicieran el milagro de vivir hasta que mi niña tuviera 15", relató. Hoy esa hija, Mariana, ya cumplió 23 años.
El cáncer de Olga tuvo una recidiva hace un año, pero ella dice que se siente en manos de Dios. "Vivir con esta enfermedad me permite agradecer cada amanecer y cada momento que comparto con mis hijos y nietos. Solo pido que me dé fuerzas porque tengo fe, pero decaigo", señaló.
A su lado uno de sus nietos, Juan Manuel Peralta (12), se enjugaba unas lágrimas rebeldes. Él siempre guardó una sensibilidad especial hacia el Milagro. "Me gustaba ver pasar la peregrinación y me emocionaba mucho. Ahora también camino", sintetizó.
Un trecho más adelante también los metanenses habían hecho un alto en el camino. El contingente este año es muy nutrido: 520 personas. Lo encabeza Alejandro Cazón (73), quien inició hace 23 años la peregrinación junto con un tío, Pedro Soria, que este año será una de las ausencias que lo custodiarán desde el cielo. Alejandro les atribuye al Señor y la Virgen del Milagro la restitución de la vista de su hijo Martín, a quien le diagnosticaron hidrocefalia cuando nació y hoy camina con el contingente. "Me emociona testimoniar que viví la gracia de Dios", dijo, y los ojos de quienes lo acompañaban al escucharlo derramaban involuntarias lágrimas. Cuando un rezo se une a otro, el resultado es un clamor. Es este grito vehemente el que, bajo la óptica de la fe católica, Dios no consigue desatender. Por eso caminan juntos.

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