César Mamaní es un hombre grande ya, que trabaja desde hace 28 años en la Municipalidad de El Carril. Para ser más preciso: es el delegado de ATE en su tierra. El hombre no tiene piernas, por lo que utiliza una silla de ruedas que se mueve por la fuerza de sus brazos, que accionan unos pedales, similar al sistema de una bicicleta.
A paso más rápido que cualquiera de a pie, se moviliza cuando no hay obstáculos. Pero si los hay, ahí es cuando comienzan los problemas de César, cuando viene a la ciudad.
"Yo tengo que venir a Salta a realizar trámites y hacer la rehabilitación, que es un entrenamiento para mis brazos", dijo César. El tema es que transitar por la ciudad es casi imposible. Hay carteles, obras, motos y lo peor es la irregularidad de las rampas para su movilidad a ruedas, veredas angostas y muchos conductores de vehículos marcados por la insensibilidad. "No puede ser que el único colectivo con rampa pase por El Carril a las 12.30. ¿Qué trámite puedo hacer a esa hora? Y, como si fuera broma, pasa temprano los fines de semana", se quejó.

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