"Nada te turbe,/ nada te espante,/ todo se pasa,/ Dios no se muda./ La paciencia/ todo lo alcanza,/ quien a Dios tiene/ nada le falta:/ solo Dios basta". Así de infinita fue la comprensión acerca de los planes del Altísimo de Santa Teresa de Ávila (1515-1582). Así de próxima su relación con el Todopoderoso, retratada en este poema: "La eficacia de la paciencia". Los santos, muchos de ellos mártires de la fe, son para los cristianos presencias y modelos a seguir que los acercan a Dios. También la Virgen María, en sus diferentes advocaciones, que por su gracia y virtudes intercede ante Jesucristo por los pecados del mundo.
Según el arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello, la región del Noroeste argentino es tierra fértil para la fe. De allí que se explique el fervor por las manifestaciones marianas y del santoral. "El NOA todavía conserva esa dimensión piadosa, no digo creyente porque no es que niegue la fe de los otros; sin embargo, el norteño tiene una fe que se expresa piadosamente. Por ejemplo, un hombre de La Pampa es más frío. Actúa como creyente en su familia y comparte los demás valores cristianos, pero no tiene esas manifestaciones que tenemos nosotros, como peregrinaciones y procesiones multitudinarias", señaló. Añadió que la dimensión creyente del salteño se expresa en las fiestas del Señor y la Virgen del Milagro, que apuntan a la confesión y la eucaristía, dos sacramentos de pertenencia a la Iglesia.
A pesar de ello, también el fervor salteño se modifica de acuerdo con gustos colectivos y cambiantes. ¿Por qué de un tiempo a esta parte se multiplican los negocios con la denominación Virgen de Urcupiña, mientras se extinguen los que se llamaban Virgen de Huachana? ¿A qué razón obedece que abunden los avisos clasificados agradeciendo a San Expedito por los favores concedidos y ya no a Santa Rita y San Pantaleón, como hace 10 años?
Todo cambia
El Tribuno le llevó este interrogante a Felipe Hipólito Medina, licenciado en Ciencias Religiosas por la Universidad Católica de Santiago del Estero y miembro de la Red de Comunicadores Católicos de Salta. De acuerdo con su análisis, las devociones salteñas pueden ser clasificadas a partir de su popularidad. En auge están la Virgen de Urcupiña y San Expedito. Declinando se encuentra el fervor hacia el Divino Niño y la Virgen Desatadora de Nudos, a las que él denomina cultos mediáticos impulsados por la televisión porteña. Persisten prácticas piados rurales dedicadas a Santa Bárbara, protectora contra las tormentas, y la Virgen del Valle, la patrona de los mineros. En la ciudad San Roque y San Cayetano son de las figuras más convocantes. También conviven dos advocaciones marianas que son un fenómeno supremo y que atraen a peregrinos de otras provincias y del mundo: las vírgenes del Milagro y del Cerro, esta última no institucionalizada. Entre ellos están surgiendo nuevas aficiones como la de Nuestra Señora de Aparecida y San Juan Pablo II.
Posmodernos
La carencia de compromiso social y de ideología que conlleva la posmodernidad también se trasvasó a la vida de la fe. Por ello no extraña que San Expedito, el de las causas urgentes, haya cobrado tamaña popularidad. Según Felipe Medina, la devoción ingresó por Brasil y su estampa versaba: "Si me concedes el favor que te pido prometo donar mil estampas". Por este ejercicio la multiplicación era exponencial. "Es interesante Expedito porque significa "enviado, despachado''. Hoy la gente no le tiene paciencia al dolor y no quiere aceptar la cruz, quiere lo inmediato. Tiene la demanda del "Llame ya'', del "Pare de sufrir'' y San Expedito me lo soluciona rápido", destacó. Esta devoción viene creciendo en Salta desde hace 15 años. La Virgen de Urcupiña, por su parte, fue introducida en la década del 90 por los inmigrantes bolivianos que trajeron consigo su veneración por la Mamita de Quillacollo (Cochabamba), aunque en Salta ahora se esparció tanto que atravesó todas las clases sociales. "Urcupiña está disputada por algunos que la ven como una invasión cultural o se quejan por el modo de celebrar", advirtió Felipe. Luego destacó que con ella se recuperó la noción de una presencia sagrada en los hogares y que constituye un amor cotidiano caracterizado por la cercanía.

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