El 17 de octubre se cumplieron 71 años del hecho político-
social más importante de la historia de los argentinos.
Recuerdo con claridad siendo un púber de 14 años como llegábamos con mi padre a la Plaza de Mayo, hasta la altura de la Catedral, el lugar más próximo al balcón de la Casa Rosada al que pudimos acceder.
Ya se notaba la masividad de miles y miles de ciudadanos argentinos que habían optado por adelantar un día la fecha de la protesta por la detención de quien había hecho tanto y tan significativos cambios en las relaciones con los grupos sindicales y/o sociales representativos de los sectores más humildes y del trabajo.
El grito era "queremos a Perón" y eso empezó a sonar a las 10 de la mañana de ese 17 de octubre.
La gente produjo un hecho anticipándose a la historia. Es posible que muchos fuéramos inconscientes del hito que marcaría ese día en la historia argentina; como yo, que fui de la mano de mi padre a esa Plaza de Mayo. Tampoco lo entendía, era muy chico, pero intuí que se estaba produciendo algo fenomenal, de una trascendencia política y social como nunca antes la República -aún hoy tampoco América Latina- había vivido.
Llegamos alrededor de las 10.30, veníamos del conurbano, del primer cordón del Gran Buenos Aires. Vivíamos y vivimos en Sáenz Peña, provincia de Buenos Aires. Mi "viejo" me dijo "dame la mano" en una época donde no se le discutía al padre absolutamente nada. No me preguntó si quería acompañarlo; me dio la "orden" de que fuera su compañero.
Con el paso del tiempo cuánto agradezco ser parte del rescate de una figura irrepetible como fue la de Juan Perón. Nunca más, ni antes ni después, pudo producirse una empatía tan grande entre el pueblo más humilde (las mujeres y hombres que venían de los frigoríficos británicos Wilson, La Negra y Swift con sus delantales manchados con sangre, los ferroviarios, metalúrgicos, municipales, trabajadores de la madera, y muchos hombres de saco, camisa, corbata y sombrero) con quien iban a tomar como su líder.
Todo eso formó un conglomerado -según dice la historia- de 800.000 almas, cuando Argentina tenía apenas 13.500.000 de habitantes.
Fue Perón y al poco tiempo Eva, al lado de él, quienes cambiaron para siempre y definitivamente la historia de los argentinos en el campo de las organizaciones sociales. Perón fue una herramienta extraordinaria para ese cambio. La Justicia Social como bandera de millones de trabajadores, hombres y mujeres, pasó a ser, de golpe y porrazo, también bandera de quienes nos habían condenado con los calificativos más insultantes: "cabecitas negras", "negros de mierda", "aluvión zoológico". Sin embargo nadie arrugó y estuvimos ahí todo el día, 12 horas. El horario que dicta la historia reza las 23.23 cuando rescatamos a Perón, y la voz que tanto habíamos escuchado por la vieja radio a válvula había tomado la forma de un ser humano que le hablaba a la gente con la misma simpleza y sencillez que habíamos escuchado a través de la radio, con las que solamente los grandes son capaces de hacerlo.
Les digo a mis compañeros jóvenes que sean ellos, las nuevas generaciones de la política, quienes continúen con el valor de "predicar" una verdad política de indiscutible trascendencia como lo es la Doctrina Peronista que sostiene en alto las banderas de la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía Política.
Quiero finalizar diciendo que escribimos un pedazo de la historia y que esa jornada pasó a ser el Día de la Lealtad. Es por eso que hoy como nunca hay que gritar a todo pulmón: "­Viva Perón, carajo!".
* Secretario general del Instituto Nacional Juan D. Perón.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora