Nuestro planeta cruza otro equinoccio y los que vivimos en este hemisferio, podremos ver a la naturaleza desperezándose para tomar envión y correr hacia los calores del verano. Tema perenne en la poética melosa, la primavera se une a la idea de la juventud y el amor. Aunque nunca son excluyentes en el corazón de las personas -que en general toma el rumbo que se le da la gana-, porque ayer mismo, en la reunión de abuelos en la Plaza 9 de Julio, el festejo incluyó la elección de los reyes de la tercera edad: Dorotea Verduguez, de 67 años, del club de abuelos "Sagrado Corazón de Jesús" de Castañares, que se quedó con la corona de reina, mientras que Paulo Soria, de 67 años, del centro de jubilados "Cristino Zerpa" de El Carmen, fue elegido como rey 2016.
El festejo no fue otra cosa que el adelanto a las clásicas escenas de adolescentes pintarrajeados derrochando juventud y alegría que seguramente se verán en esta jornada y que marca otra etapa particular en el calendario del septiembre salteño.
Dorotea Verduguez, la flamante reina, durante su juventud fue cocinera y trabajadora rural en el tabaco. La jubilada contó que, a su edad, es la segunda vez que es coronada como reina de la primavera.
Dorotea, o Doris, como la conocen en su barrio, hace cuatro años que concurre al centro de jubilados"Yo quisiera que todas las señoras de mi edad y las jubiladas se presenten a trabajar a algún centro. Es importante empezar a mover las manos para no tener dolores", asegura.
Paulo Soria, el rey 2016, sostiene que desde que se jubiló aprovecha el tiempo para bailar tango, folclore y para hacer natación. "Hice muchos compañeros, muchos amigos, y aprendí mucho al lado de ellos. Yo siempre les digo a los chicos -digo así porque creo que lo somos-, que vayan. Es hermoso estar juntos y divertirse", asegura con la seguridad de quien ha vivido lo que se debe.
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Dorotea Verduguez, la reina de los jubilados, ayer en plaza 9 de Julio

Estos testimonios distan en experiencia a los que hoy seguramente se escucharan en la algarabía juvenil, pero confirman aquello que con tanta vehemencia exponen la prosa y los versos. "Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera".
Por eso, desde hoy, hasta los mínimos actos de la vida diaria tendrán un sentido diferente, un olor a nuevo, a reciente. Podremos sentirlo sólo con respirar, vibrando en nuestra sangre, llevándonos al centro de un sentimiento que creímos perdido. ¿Será esto el amor? Puede ser. O solo se trata de un regalo que la naturaleza nos tiene dispuesto cada año.
Con él, parece decirnos que nada es para siempre. Menos la ausencia del calor y del verde. Que siempre comienza una nueva estación, cuando creíamos que todo estaba perdido.
Ha llegado la primavera. No la dejemos pasar como un suceso más del almanaque. Salgamos a la calle, a darnos el gusto de estar vivos.

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Sección Editorial

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