Un grupo de docentes de la escuela de Comercio 5.004 de la localidad fronteriza de Salvador Mazza, viendo la difícil realidad que viven la mayoría de los 1.265 alumnos que concurren a esa escuela de nivel secundario, tomaron en sus manos una responsabilidad que de hecho le cabe al Estado: darles el desayuno y la merienda -dependiendo del turno al que asistan- a los chicos, adolescentes cuyas edades oscilan entre los 13 y los 18 años.
Para el equipo docente de la escuela no es fácil ni es sencillo disponer esta ayuda alimentaria para una población escolar tan numerosa, pero no obstante las dificultades, siguen adelante con la iniciativa que se plantearon desde hace varias semanas.
La fría mañana de ayer encontró a los chicos con una taza de chocolate caliente en sus manos y un trozo de pan.
Muchas horas sin comer
La realidad que viven los alumnos de la Escuela de Comercio de Salvador Mazza es diferente a otros estudiantes de nivel medio de la provincia y, lamentablemente, en muchos casos más difícil.
Miguel Ángel Agero es docente y explica que "muchos de nuestros alumnos del turno tarde son bagayeros (pasadores de carga entre Argentina y Bolivia). Entran a clase a las 2 de la tarde y en algunos casos son de las divisiones que tienen jornada extendida hasta las 20.30. Algo similar sucede con los que vienen a la mañana, que entran a las 7.30 y salen a las 13.30. La pregunta que nos hacíamos con el resto de mis compañeros docentes era quién puede aprender, tan siquiera escuchar una clase estando con la panza vacía todas esas horas" reflexionó el docente en voz alta delante de El Tribuno.
Hubo cambios increíbles
El servicio de desayuno a la mañana y merienda a la tarde comenzó a solventarse con unos ahorros que tenían los chicos del centro de estudiantes. A esos fondos, que no superaban los $3.000, se agregaron las contribuciones que hacían algunos de los docentes y así comenzó todo.
"En la escuela tenemos cocina pero no tenemos gas natural, así que cada semana hay que tener el dinero para el azucar, la yerba y el gas, y no es nada fácil. En un principio pensábamos darle ese aporte alimentario a los chicos que se quedaban solo a las jornadas extendidas, pero pronto nos dimos cuenta que en realidad todos lo necesitan, porque todos vienen con su jarrito. Los cambios, con tan poco, han sido tantos en materia de aprendizaje que somos conscientes que tenemos que continuar", refirió Miguel Ángel.
Un poquito cada uno
Darle desayuno y merienda a semejante cantidad de chicos no es nada sencillo y por eso, para que este servicio no se corte, cada mañana y por todos los cursos, los mismos chicos pasan una caja tipo alcancía en la que juntan las monedas, lo que cada uno de ellos pueda aportar. En las semanas anteriores los profesores le pidieron a los alumnos que traigan el pan de sus casas; pero esto despertó críticas en algunos medios de comunicación locales, donde se refirieron con dureza a los docentes.
Pero a Miguel Ángel no le molestan las críticas y por el contrario, las llegó a justificar.
"Los periodistas de Salvador Mazza que critican deben creer que el Estado nos da todo para que les demos merienda y desayuno a los alumnos, pero la realidad es que no nos dan nada. Todo salió de un grupo de profesores que andamos buscando los insumos, comprando termos para que el chocolate o el mate cocido se mantenga calentito y el gas", expresó este docente, dispuesto a seguir trabajando, más allá de su tarea como profesor de Etica y Economía, para que sus alumnos no se desmayen de hambre en plena clase y más allá de los sinsentidos de quienes disponen de jornadas escolares tan extensas sin prever la cruda realidad que viven la mayoría de los adolescentes del interior.

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