Durante los primeros diez días de agosto, la escuela 4216 "Olof Fabián Severin Jonsson" de La Puntana, en Santa Victoria Este, estuvo sin clases por la protesta de cuatro caciques que exigían serenos para el establecimiento por los constantes saqueos y destrozos que sufre la moderna institución que fuera fundada por la expresidenta Cristina Fernández en 2009. Si bien las clases continúan, nada cambió, y los mismos vecinos siguen propinándole continuos ataques a la escuela.
Un vecino de Santa Victoria Este se comunicó con El Tribuno y envió fotos del último desastre que hicieron en la escuela de La Puntana que es primaria y secundaria. "Esto pasa siempre acá; la escuela es tierra de nadie y no ponen orden. Así , todo el trabajo que realizan los docentes es en vano porque más pesa la ignorancia y la vagancia que la enseñanza que reciben", dijo el informante que pidió la reserva de su nombre.
En el marco de la protesta de agosto, Pablo Solís, uno de los caciques implicados, había expresado: "Los aborígenes luchamos por la calidad de vida de nuestras comunidades y no queremos ser cómplices de cosas malas. Por eso reclamamos y pedimos que se proteja a la escuela que es el bien más grande que tenemos".
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El baño inhabilitado de la escuela de Pozo El Tigre.
El baño inhabilitado de la escuela de Pozo El Tigre.
La población de La Puntana es de unos 5000 habitantes y tiene comunidades de cinco etnias originarias: wichi, chorote, toba, tapiete y chulipí.
Son personas tranquilas pero intensas, como el Pilcomayo que los bordea con su furia turbia y como los 55 grados que azotan a Rivadavia banda norte en los veranos.

En Pozo El Tigre

Las comunidades indígenas se hacen oir desde el Chaco salteño adentro, siempre se las rebuscan para levantar la mano y que los vean desde las oficinas capitales. Por eso también se pudo saber que la escuela Buena Fe de la comunidad wichi de Pozo El Tigre se encuentra en un desesperante estado de abandono. Desde hace al menos cuatro años los alumnos no cuentan con baño ni agua corriente. Los techos se caen, hay invasión de murciélagos, el pozo ciego está colmatado y a cielo abierto, siendo un peligro físico y sanitario evidente para los 190 chicos aborígenes que asisten todos los días.

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