El papa Francisco inauguró en la víspera un año santo, o jubileo, dedicado a mostrar el lado conciliador de la Iglesia, en medio de unas medidas de seguridad sin precedentes que pretendían evitar un posible ataque terrorista.
El Santo Padre ofició una misa especial en la plaza de San Pedro empapada por la lluvia. La ceremonia abrió formalmente su "revolución de la ternura". Tras la misa se abrieron las grandes puertas de bronce de la basílica, a través de las que pasarán por ahí más de 10 millones de peregrinos a lo largo del año.
Unos 5.000 policías, carabineros y soldados adicionales se desplegaron por Roma y se estableció una zona de exclusión aérea para proteger a los peregrinos que llegarán a Roma a pie, por carretera, tren o avión.
Francisco lanzó el jubileo de 12 meses para destacar lo que se convirtió en un tema clave de su papado: mostrar el lado misericordioso y acogedor de una Iglesia Católica, a la que a menudo se conoce más por sus juicios y valoraciones sobre moral. Tras la misa, y en presencia del Papa emérito Benedicto XVI, Francisco empujó la puerta de la basílica y la atravesó para simbolizar el peregrinaje de la vida y los sacrificios que, según la tradición católica, se deben soportar para obtener la gracia divina.
Francisco se detuvo algunos minutos y oró en el umbral de la puerta, que suele permanecer sellada a cal y canto, seguido por Benedicto XVI, la primera vez en la historia que dos Papas inauguran un jubileo.
Por la noche, el Vaticano se centró en otra de las preocupaciones de Francisco: la protección del medio ambiente.
Una coalición de grupos humanitarios preparó la proyección de imágenes de naturaleza tomadas por conocidos fotógrafos y cineastas, que se mostraron sobre la fachada de la basílica, acompañados por una persistente lluvia y miles de fieles en la plaza mayor del Vaticano.

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