Dos proyectos

Natalia Buira

Dos proyectos


El tan famoso cuadro de Eugéne Delacroix "La Libertad guiando al pueblo" ilustra los sucesos de París de julio de 1830. El rey Carlos X había suspendido la libertad de prensa y disuelto el Parlamento, frente a estos hechos el pueblo reacciona al grito de "abajo los Borbones, arriba la República", días después el pueblo logró la victoria obligando al rey Carlos X a abdicar. Los sucesos de julio de 1830 marcan el paso del Absolutismo al Estado liberal, del monarca ilimitado en su poder sin controles a la separación de poderes y al sistema de contrapesos.
Al parecer siempre existe el peligro y se reedita la tentación de la acumulación de la suma del poder público. En nuestro tiempo ocurre esto con los actuales populismos latinoamericanos con muchas semejanzas con el absolutismo monárquico.
Pasemos a analizar las características más sobresalientes de los regímenes populistas:
La más notoria de ella sea quizás la existencia del caudillo, jefe, líder megalómano y autoritario que cual moderno monarca, rey, concentra todo el poder, anulando la separación de poderes tan propia de una República; convirtiendo al Parlamento en un órgano refrendario de sus proyectos de ley, los cuales se aprueban automáticamente al contar con las mayorías oficialistas necesarias sin verdadero debate alguno, y haciendo del Poder Judicial una suerte de vasallo cómplice que no investiga los hechos de corrupción denunciados garantizándole así impunidad.
En los populismos los organismos de contralor están cooptados por el partido oficial y con ello quedan anulados, se allana así el camino para disponer de lo público cual si fuera propio. En los populismos se nombra a los funcionarios públicos por acomodo- amiguismo y nepotismo- y no por mérito, olvidando el precepto constitucional que la idoneidad es la única condición para acceder a la función pública.
En los populismos se persigue a quienes no adhieren y obedecen al régimen imperante y se atenta contra la libertad de expresión, de múltiples formas, ya sea desprestigiando a los medios de comunicación y a los periodistas que denuncian al régimen ya sea cooptando los medios televisivos, radiales, gráficos hasta llegar al absurdo de la existencia de periodistas militantes.
En los populismos rige el imperio del líder, del jefe, y no el imperio de la ley, de la legalidad, recordándonos la semejanza con el monarca absoluto. El líder populista cree saber mejor lo que le conviene a los ciudadanos más que los ciudadanos mismos, por lo cual los mecanismos de participación se encuentran muy restringidos.
El populismo gusta terminar y echar por tierra con el pensamiento crítico ya que impone el pensamiento único aunque a algunos mandatarios públicos que comulgan con el populismo imperante les agrade hablar sobre el pensamiento crítico.
En los populismos el relato, el discurso suele ir por un lado mientras los hechos y las obras van por el otro. Los populismos suelen caracterizarse por la creación de Mega estructuras, de Mega Ministerios y Mega Hospitales que muchas veces son "pour la galeríe" ya que se encuentran vacíos en sus políticas públicas reales y eficientes.
Los populismos no admiten disensos, el que piensa distinto al poder, es el enemigo y el enemigo es el culpable de todo lo malo que le acontece al país, a la provincia; no reconoce nunca las fallas en el propio poder gobernante.
Al populismo le desagrada, cual monarquía absoluta, la alternancia en el poder y tienen pretensiones de eternizarse en él. En los populismos crece exponencialmente el empleo público y disminuye y no se alienta el empleo privado ni la producción.
En los actuales populismos no sólo se violan derechos civiles y políticos sino que no se garantizan efectivamente los derechos sociales, económicos y culturales del pueblo al que dicen representar: derecho a la alimentación adecuada, derecho a la vivienda, al trabajo digno, a la educación pública de calidad, a la salud pública de calidad; de esta manera la tan mentada inclusión social está en los discursos más que en los hechos y en la realidad.
Estas son algunas notas características de los regímenes populistas que son por su propia naturaleza regímenes autoritarios.
En estas elecciones de octubre-noviembre de 2015 se trata de elegir entre seguir viviendo en un régimen populista o pasar a vivir en una República, con separación de poderes, con un Parlamento sólido y no refrendario, con un Poder Judicial vigoroso que no permita la impunidad, que castigue la corrupción, con instituciones eficientes de contralor de los actos de gobierno, con respeto a la libertad de prensa y de expresión, con alternancia en el poder, con trabajo genuino, educación pública y salud pública de calidad, con inclusión social real y no declamada, con políticas públicas activas y eficientes para garantizar derechos fundamentales constitucionales, donde no se persiga al que piensa diferente al poder gobernante, donde el mérito sea la única condición para acceder a la función pública, donde exista ética y transparencia en la función pública. En estas elecciones se juega mucho más que elegir entre un candidato u otro, entre un partido político y otro, se trata de elegir entre un régimen u otro: entre el Populismo o la República. El voto, el sufragio es un derecho pero también es la bayoneta con la cual derrotar a los gobiernos autoritarios.
Que en estas históricas elecciones "La libertad guíe al pueblo".

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