Una discusión entre un padre y el hijo terminó de manera trágica con el primero de ellos muerto. Al parecer, ambos se encontraban ingiriendo bebidas alcohólicas cuando comenzaron las agresiones, primero verbales, pero luego pasaron a la física. Fue entonces cuando el más joven, de 42 años, habría apuñalado a Julio Victoriano González, de 70 años, según la hipótesis más firme que manejaba ayer la Policía y la Justicia.
El fatídico hecho ocurrió cerca de las 18.30 del domingo último, en la casa de la familia González, en finca Runa Yaco, ubicada en la localidad rural de Almirante Brown, a 30 kilómetros al este de la ciudad de Rosario de la Frontera.
Allí se encontraban bebiendo Julio González y su hijo Ricardo. Ambos habían terminado de almorzar y la sobremesa se había extendido con sucesivas botellas que pasaron por la mesa que compartían.
Con ellos estaba un menor de edad identificado como Rodolfo, sobrino de Ricardo González.
"Desde el mediodía estuvieron tomando vino; después de un rato comenzaron a discutir por problemas familiares que tienen ya bastante tiempo, como vi que la discusión era cada vez más fuerte, incluso con amenazas de muerte, me fui de la casa a eso de las cuatro de la tarde", relató el adolescente.
Más tarde, cuando el día fenecía, se enteró del lamentable desenlace de aquella discusión cuyos inicios él había presenciado.
Según declaraciones de la familia, la fatídica conclusión habría ocurrido entre las 18.15 y las 18.30.
De acuerdo a testimonios que aportaron vecinos y familiares, Julio González le disparó con una escopeta a su hijo Ricardo, quien se protegió con la mano derecha. Sin mediar palabras, el más joven le propinó al padre una certera puñalada con un facón de 30 centímetros, a la altura del pecho.
Ayer, un día después de la tragedia familiar, el paso hasta la vivienda que ocupaba Julio González estaba cerrado por una custodia policial. Los efectivos dijeron que era para preservar la escena del crimen.
"Esto tenía que pasar"
Tomasa Marina Romero es la enfermera que está al frente del puesto sanitario de Almirante Brown desde hace seis años. Fue la primera que tuvo contacto con Ricardo, minutos después del triste episodio.
"Ricardo vino al puesto sanitario a las 20 del domingo; él me comentó que había discutido con su papá y me dijo: "Esto tenía que pasar'', en ese momento me llamó la atención pero no le pregunté nada".
"Lo único que me pedía era que le curara la herida en la mano y que le ayudara a mover sus dedos que los tenía quietos; en ese momento le dije que lo que me pedía era mucho para mi, porque la mano derecha estaba toda dañada y tenía problemas con los dedos de su mano izquierda", relató.
Ante este panorama, la enfermera habló con el médico Gutiérrez, del hospital de El Potrero, que está a 20 kilómetros de Almirante Brown, y solicitó la presencia de una ambulancia para trasladar a Ricardo al hospital "Melchora Figueroa de Cornejo" de Rosario de la Frontera.
Tomasa relató, además, que "según Ricardo, el hecho sucedió aproximadamente a las 18.30, pero nunca me dijo que su padre estaba con una herida en el pecho, lo único que me decía era: "Tengo miedo que mi padre venga por detrás mío a liquidarme''".
Tomasa dijo ayer que, a pesar de haber sido la primera persona que habló con Ricardo tras el homicidio, "nadie vino a verme, ni a preguntar si él se atendió aquí y lo que dijo. Ustedes del diario son los primeros que me preguntan", aseguró.
El domingo, cerca de las 21, arribó al puesto sanitario una ambulancia del hospital rosarino para auxiliar a González. "Nos fuimos a la casa de la familia, pero en el acceso estaba ya la policía y no dejaba pasar a nadie", contó Tomasa. Minutos más tarde llegó una de las hijas, quien entró a la casa y vio el terrible cuadro: Julio González yacía en el piso con un cuchillo incrustado en su pecho.

La gente le tenía miedo a González
Los vecinos dicen que Julio González tenía antecedentes policiales. Los vecinos del paraje Almirante Brown lo conocían bien a Julio González. Y por eso mismo le temían. El hombre de 70 años estaba dedicado a la cría de ganado menor y en su finca -una herencia familiar- también cultivaba maíz y ajíes.
Pero lo que más registran en el pequeño poblado donde viven 70 familias, es que el hombre era violento y -dicen- tendría antecedentes policiales por un homicidio hace varias décadas.
"Cuando fuimos con la ambulancia, los policías estaban afuera de la casa; no se animaban a ingresar por miedo a que Julio estuviera armado y empezara a disparar, ya que no tenía buenos antecedentes", contó la enfermera Tomasa Marina Romero.
Enrique Serrano, agente sanitario en Almirante Brown, dijo ayer a El Tribuno que "el padre no tenía buenos antecedentes, su hijo Ricardo era una buena persona; seguro que hubo algo mucho más grande para que todo termine de esta manera".
El temor que inspiraba don Julio lo habría alejado de los vecinos.
"No tengo palabras para describir lo que siento; en lo único que pienso es en mi tía Genara Argañaraz, esposa de Julio. Debe estar totalmente desconsolada; estoy segura que si ella hubiera estado en la casa, esto nunca habría sucedido", afirmó Nancy Argañaraz, sobrina del matrimonio.

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