Hace unos días los medios internacionales se hicieron eco de una frase poco feliz pronunciada por el obispo de Ferrara, Italia, monseñor Luigi Negri, militante de un movimiento conservador de origen europeo: "Esperemos que, con Bergoglio, la Virgen haga el mismo milagro que hizo con el otro", refiriéndose a Juan Pablo I (Albino Luciani) cuyo gobierno duró escasamente 33 días. Esta frase pronunciada en una conversación telefónica con un periodista, en el lujoso tren bala, fue grabada por varios pasajeros, quizás horrorizados por tales expresiones contra el papa Francisco. Esta es una de las tantas muestras de resistencias que tiene que soportar a diario uno de los líderes más influyentes del planeta.
Los viajes
El carisma del Pontífice argentino, desconocido para muchos de nosotros, es contundente, y se ha evidenciado en los viajes apostólicos a Cuba, Estados Unidos, Latinoamérica y África. Francisco llegó a Ecuador, Bolivia y Paraguay con un fuerte mensaje de reconciliación para la Iglesia y para la sociedad. Recordó el pasado de gobiernos dictatoriales en la región, insistiendo que la ideología conduce al autoritarismo y la opresión. Instó a fortalecer la obra de la Iglesia en varios países, especialmente a favor de los pobres, donde las posturas de izquierda de los gobiernos, la cuestionan severamente. Es destacable el encuentro que realizó con los movimientos populares en Santa Cruz de la Sierra, a quienes les decía de manera fuerte y clara: "La Biblia nos recuerda que Dios escucha el clamor de su pueblo y quisiera yo también volver a unir mi voz a la de Ustedes: "Las famosas tres T'': tierra, techo y trabajo para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra". Recordó, además, en Paraguay la necesidad de distinguirse por la hospitalidad, como característica de identidad cristiana.
En Cuba desafió a los jóvenes a soñar un futuro mejor y comenzar a construirlo desde ahora, basado en los valores humanos más allá de la fe que profesen. Y en Estados Unidos, donde se hablaba de una gran resistencia al Pontífice, este logró seducir con gestos sencillos a la multitud que lo aclamó durante todo su viaje, comenzando con un mensaje duro para los que se creen superiores frente al mundo, recordando que llegaba a esa tierra como hijo de inmigrantes, una nación formada por inmigrantes y no dejó pasar la oportunidad para ofrecer un saludo a los verdaderos poseedores de la tierra, las comunidades originarias de Norteamérica, muchas de las cuales, a diferencia del mestizaje latinoamericano, fueron diezmadas. Hizo una firme declaración contra la pena de muerte y los instó a ser garantes y constructores de la paz mundial.
Francisco logró trascender el campo de lo religioso y tener un gran impacto político y social, al abordar desde su estatura de líder espiritual a toda la sociedad americana sobre asuntos prioritarios como la familia, la defensa de la vida, la paz, etc. Lo hizo con tacto y sabiduría. Sin imponer dogmas de fe, y más bien convocando procesos de diálogo y trabajo que desde los gobiernos y las instituciones se enfoquen en desmontar la polarización; retomar el curso de las relaciones internacionales interrumpidas con quienes han tenido impasses históricos; y muy especialmente, generar respuestas que permitan superar la pobreza, las desigualdades, la exclusión y los daños ambientales.
África fue el viaje de consagración de un Papa que no le teme a la muerte, que demostró estar más preocupado por los mosquitos que por la presencia de los terroristas islámicos. Un hombre jugado con ideas claras y acciones coherentes y firmes hacia dentro y fuera de la Iglesia. Tuvo que enfrentar una Iglesia conservadora, pero atenta a las palabras de un Papa que habló en porteño a miles de hombres y mujeres que encontraron en sus palabras alivio y esperanza, sobre todo cuando necesitan paz y unidad. Los instó a superar el tribalismo y los fanatismos religiosos que conducen a la guerra inexorablemente.
Sus mensajes cargados de humanismo irritan a los dogmáticos, y mientras murmuran contra él, Francisco continua su derrotero de transformación de una iglesia que fue capaz de albergar en silencio a miembros corruptos y enfermos de soberbia con ropajes religiosos, tan religiosos que cubrían su vacío y deshonestidad con pomposos ritos.
La familia y los divorciados
El tema central del año fue la familia, la defensa de la doctrina tradicional pero con una mirada de misericordia hacia quienes se equivocaron y pretenden emprender un nuevo camino. Frente al deterioro del concepto tradicional de la familia y la aparición de nuevos paradigmas, el Papa pidió comprensión, priorizar la salud física, mental y espiritual de la gente por encima de los dogmatismos y rigideces de las normas eclesiásticas. No dudó en reformar el Código de Derecho Canónico para facilitar la regularización de muchas familias divorciadas y vueltas a casar. Y lanzó el Año de la Misericordia que no pretende ser un año devocional o de obtención de indulgencias, sino un año de verdadera reconciliación, fruto del perdón. Dios no se cansa de perdonar, nos recuerda el Papa y nos insta a hacer lo mismo con nosotros y con los hermanos.
Vatileaks
Afrontó sin titubeos la traición de quienes filtraron noticias del manejo económico de la Santa Sede, y no dudó en enviar a la cárcel a los responsables, como tampoco dudó en remover obispos, algunos muy jóvenes, que no eran claros en los manejos de las finanzas de sus diócesis.
No son pocos los obispos, sacerdotes y fieles que lo acompañan y rezan por él, y sueñan con una Iglesia más humana y comprometida con lo cotidiano del hombre y la mujer de hoy.
Una difícil y ardua tarea le espera al Papa que cumplirá a fines del año próximo sus 80 años, pero tiene el norte claro y va construyendo el camino entre el trigo y la cizaña, caminando en medio de lobos.

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