La arquitectura de la Salta de aquel crucial 1816 aún pervive en muchos edificios de la ciudad capitalina, en los que fácilmente se detectan las influencias de la colonización, tanto castellana como borbónica.
Las construcciones por encima de los tres metros de altura, con umbrales de entrada de grandes dimensiones y ventanales de iguales proporciones, se vislumbran, sobre todo, en la zona céntrica.
Una superficial contemplación de los astrágalos, capiteles y frontispicios de las construcciones más inveteradas permite tener la certeza de que en esos edificios se condensa parte de la historia de los salteños. Algunas terminaciones de las columnas datan del siglo XVII, varias décadas antes del levantamiento independentista prístino, a principios de la centuria del 1800.
Precisamente, parte de lo que mantiene vigente el mote de La Linda para Salta es la conservación de aquellas estructuras que cimentaron la moderna ciudad colonial. A pesar de ello, el historiador Miguel Ángel Cáseres asevera que "no se conservan tantos edificios coloniales, pero la vigencia de muchas pautas culturales de aquella época, que se refleja en la mentalidad conservadora de los salteños, hace parecer que esos restos materiales son más de los que en realidad hay".
Ciertamente, aquella forma de organización era un modelo de exportación, la urbanización vía iglesias, hogares aristocráticos, cabildos y escuelas. Modelo que, a la postre, terminó por imponerse en prácticamente todo el orbe con la expansión del imperialismo de las potencias occidentales.
La ciudad centralizada, en la que la mayor parte de las oficinas públicas y los lugares sociales se encuentran concentrados en la zona media de la superficie habitada, era la que se consolidaba en aquellos albores del siglo XIX, en plena gobernación de uno de los nombres propios más importantes de la Independencia, Martín Miguel de Güemes.
"Salta y todos los poblados de aquel momento eran más aldeas que ciudades, pero buscaban orientarse hacia ese modelo", advierte el reconocido historiador, y agrega que "había solo cinco barrios y la mayor parte de las actividades sociales se concentrada en un núcleo muy reducido de cuadras".

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<div>Ituzaingó y Caseros, construcción colonial a dos plantas. Archivo Histórico de Salta </div><div><br></div>
Ituzaingó y Caseros, construcción colonial a dos plantas. Archivo Histórico de Salta


De igual manera, Cáseres indica que "Salta, junto a Córdoba y Lima, era por entonces una de las ciudades más desarrolladas a nivel arquitectónico, tanto así que era la única del virreinato del Río de la Plata que tenía una cuadra adoquinada sobre la calle Caseros". Y agrega: "Era de las que más edificios de dos plantas tenía, lo cual la hacía muy pintoresca y destacada para los visitantes que llegaban".
"Las construcciones coloniales que había en 1816, en la mayoría de los casos, venían desde mediados del siglo anterior, y de las cuales perviven muy pocas", resaltó el historiador, y añadió que "mucho de lo que hoy se pretende como colonial en realidad es posterior, neogótico, de influencias francesas e italianas".
Patrimonio edilicio
En torno a lo que hoy se conoce como la plaza 9 de Julio, por entonces la plaza de armas, es adonde se hallan los vestigios edilicios de aquella Salta patricia. Algunos de los más destacados son el Cabildo, la Casa Arias Rengel -convertido en museo-, la Casa Arias Velázquez -monumento histórico nacional-, la iglesia San Francisco -basílica menor-, el convento San Bernardo y la Casa de Hernández -también museo-.
Las características de la arquitectura de esas edificaciones no fue antojadiza, según explicó Cáseres, sino que tenía que ver con la influencia mora en los castellanos, con la tradición borbónica pero también con las posibilidades que presentaba Salta, tanto a nivel de materiales como de características territoriales. Detalló que "la altura de los edificios tenía que ver con crear sombras para impedir el paso de los rayos del sol, manifiesta consecuencia de la influencia de los moros", y agrega que "los aljibes eran los sistemas de aquella época pero también una creación propia de los moros". Relata que no había muchas ventanas de vidrio porque, si bien el material ya existía, era costoso.
Cáseres subrayó que se fueron haciendo ensayos para erigir los edificios y que los principales materiales que se emplearon fueron la piedra, los ladrillones y el adobe. "No todo era de adobe, y de hecho se hicieron muchos ensayos sobre la composición del mismo para irlo haciendo más perdurable", dice.
También señaló que los muros eran anchos para conservar una temperatura agradable y que se buscaba también ampliar la durabilidad de las paredes. "Se realizaron muchas pruebas, es decir, la arquitectura que se realizó en Salta tenía influencia de los colonos pero también presenta particularidades propias", reafirma el historiador.
El hallazgo
En el 2010, Lucas Alascio, fotógrafo, realizó un trabajo de investigación financiado por el Consejo Profesional de Agrimensores, Ingenieros y Profesiones Afines (Copaipa). El trabajo fue presentado con el título "Huellas urbanas", y recuperó los contrastes epocales de lugares emblemáticos del centro salteño. La mayor de las veces, los edificios que se consideraron patrimonio cultural, como los antes nombrados, pertenecían a familias de renombre o hacían las veces de oficinas públicas, tal el caso del Cabildo, por citar solo un ejemplo.
El documento de Alascio, que indagó en el acervo fotográfico del Archivo Histórico de la Provincia, encontró que había un edificio que durante el siglo XIX albergó al Banco Nacional, en Ituzaingó y Caseros, y que actualmente se mantiene prácticamente intacto, aunque no es reconocido como parte del patrimonio cultural.

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Sección Editorial

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Walter LUNA
Walter LUNA · Hace 4 meses

Desconocía la historia. La nota es altamente instructiva.


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