Eduardo Arroyo es la voz que en Tartagal se escucha en cada acto institucional, porque, además de ser un estudioso y un apasionado del ceremonial y protocolo, conduce los actos oficiales tanto municipales como de las fuerzas de seguridad y eclesiásticas.
Tucumano de nacimiento, hace 40 años adoptó a Tartagal como su ciudad, explicó cuál es la importancia de guardar las formas que el ceremonial y el protocolo indican.

¿Desde cuándo está vinculado a esta particular actividad?
Desde muy joven. Cuando llegué a Tartagal como suboficial del Regimiento 28 trabajé en Radio Tartagal, desempeñándome como locutor de turno. A la vez, y como autodidacta, comencé a estudiar sobre ceremonial y protocolo. Desde el regimiento me comisionaron 6 meses a la Dirección Nacional de Ceremonial y Protocolo nacional y allí aprendí, más allá que compré y compro cuánto libro aparece para seguir estudiando.
¿Se respeta el ceremonial en los actos?
Se respeta, pero a veces se presentan contratiempos. La Iglesia Católica, por ejemplo, tiene un ceremonial mucho más estricto y respetado. Si hay un tedeum, la autoridad la otorga el párroco a quien él decida, aunque esté un gobernador o un presidente. Aunque el director de ceremonial de la Nación quiera disponer otra cosa, eso no cambia en tanto el párroco me delegue ese rol.
En los actos aparecen también los egos. ¿Algunos piden que se los ubique adelante?
Sí, por supuesto, pero no a todas las autoridades que están en un acto u ocupando un palco se las debe nombrar. A los mandatarios y a sus esposas o esposos a veces les cuesta entender que se debe respetar el orden de precedencia. Pero más allá de eso hay errores que son para agarrarse la cabeza. En relación a los discursos, recuerdo que en un acto en Salta, un candidato a vicepresidente al referirse a la hermana de Gemes le dijo "Machaca" en lugar de Macacha y encima la hizo esposa del héroe gaucho. O la expresidenta de la Nación lo hizo cruzar la cordillera de Los Andes a San Martín antes de la declaración de la Independencia. Algunos pueden suponer que son solo expresiones que no tienen importancia, pero no es así.
"Aunque todo se prepare para un acto, hay errores increíbles, sobre todo en los discursos". "Más allá de las opiniones personales, hay reglas de protocolo que se deben cumplir y respetar".
¿Hasta dónde llegan el ceremonial y el protocolo en relación a las autoridades?
Hasta sugerirle el color de ropa que deben vestir y qué tipo de calzado, no solo al funcionario sino también a la esposa. A veces ellas son más accesibles y menos caprichosas que los funcionarios. Algunas invitaciones llevan la sigla S. R. C. que nadie sabe para qué sirve pero que significan "Se recomienda confirmar", para que la organización no tenga que agregar sillas o hacer un lugarcito a último momento.
¿Recuerda alguna anécdota?
Un año en que se produjo una ceremonia muy importante para toda la zona, con un acto de estricto protocolo eclesiástico para la ordenación de tres sacerdotes en una iglesia de Tartagal. Estaban presentes autoridades provinciales, el obispo, todos vestidos para la ocasión y un concejal se presentó de zapatillas y ropa de gimnasia. Algunos funcionarios deben pensar que por vestirse de una manera casual aparecen ante la mirada de la gente como más populares, pero no es así. Cuando la situación lo amerita hay que vestir saco, traje, corbata, porque peor vestido no significa mejor funcionario.
¿Cómo se arman las glosas para desfiles que duran muchas horas?
En mi caso voy relatando hechos relacionados con la historia y la vida institucional del lugar. Semanas antes recibo el historial de cada institución, los leo y redacto con un estilo más poético para que el público pueda conocerla con nombres, fechas, acontecimientos. Para el último desfile del 13 de junio, aniversario de Tartagal, me encontré con datos muy interesantes, como que la Banda de Música del Rimte 28, en la explaza Mitre, hoy San Martín, estrenó el tango "Estirpe de campeón", de autoría de uno de los miembros de esa banda, dato que incluí en las glosas. No comparto nombrar a cada rato a las autoridades; para qué hacerlo cuando el público los está mirando.
Usted no cobra por este trabajo...
El único que me pagaba era el exintendente Alberto Abraham a quien siempre le estaré agradecido. Pero ahora lo hago orgulloso, con mucha responsabilidad y le dedico mucho de mi tiempo, más allá de que nadie me pague por realizarlo.

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