Al cierre de la ronda de la bolsa de Wall Street del 1§ de agosto pasado sucedió un hecho inédito, de elevado contenido simbólico, probablemente efímero pero que marca sí una tendencia estructural de la época: Apple, Google, Microsoft y Amazon, en ese orden, se convirtieron en las cuatro firmas más valiosas del mundo por la cotización de su paquete accionario.
Por primera vez en la historia, las cuatro mayores compañías tecnológicas (todas estadounidenses) ocupaban los cuatro puestos más altos del mercado de capitales.
La avanzada tecnológica del siglo XXI, base de la denominada "nueva revolución industrial", está integrada por cinco gigantescas plataformas: Amazon, Apple, Facebook, Google y Alibaba (cuatro norteamericanas y una china), que cubren el planeta entero y cuentan con más de 5.000 millones de usuarios superpuestos, más de dos tercios de la población mundial.
Hay una diferencia cualitativa: Apple, Google y Microsoft son las tres empresas de tecnología informática que desde hace tiempo revistan en primera línea en el índice de capitalización del mercado.
Lo mismo sucede con Facebook, situada en el séptimo lugar de ese ranking. Pero Standard & Poors nunca caracterizó a Amazon como una compañía tecnológica, pese a que lidera el salto tecnológico de la "nube", o "cloud computing", que ha revolucionado el comercio mundial.
La "nube" es la "plataforma de las plataformas", erigida en la infraestructura básica de la nueva economía global. En la "nube" se procesa la nueva revolución industrial, un fenómeno altamente disruptivo que impulsa una reestructuración generalizada de la industria manufacturera y de los servicios y que avanza a creciente velocidad.
En 2015, Amazon invirtió 9.500 millones de dólares para ampliar sus redes de servidores en 41 países.
Su stock de capital supera a la suma de sus cuatro principales competidores, incluidos Microsoft y Google. Con ese ritmo de expansión, desde 2010 logró cuadruplicar su capacidad de procesamiento de información.
La clave de su éxito no reside tanto en su nivel de ganancias sino en el incesante proceso de inversión que realiza para mantener su liderazgo.
Entre los clientes principales de Amazon figuran cerca de la mitad de las compañías del índice Standard & Poor''s, más del 70 por ciento de las nuevas empresas tecnológicas norteamericanas ("Startups") y aproximadamente novecientas agencias del gobierno estadounidense en todos sus niveles, entre ellos el Pentágono y la CIA.
Alibaba canaliza el extraordinario crecimiento del comercio electrónico en China.
Al ingresar en Wall Street, alcanzó una capitalización de 247.000 millones de dólares, una de las diez mayores de la historia estadounidense.
Según la Organización Mundial de Comercio (OMC), el "e-commerce" chino representa actualmente el 12 por ciento del comercio mundial.
Esa cifra aumenta anualmente más del 50 por ciento y ascenderá al 20 por ciento en 2020.
El comercio chino por Internet se acerca ya al 40 por ciento del total mundial (aproximadamente el doble que Estados Unidos) y en 2019 será más del 50 por ciento del total, o sea más que el resto del mundo sumado.
Estados Unidos sigue al frente Pero Alibaba es la excepción que confirma la regla.
Porque la regla es que Estados Unidos continúa siendo la vanguardia del cambio tecnológico.
Existen empero luces amarillas: el número de "startups" por cada 100.000 habitantes cayó más de la mitad entre 1977 y 2015 (de 160 a 60) y el 60 por ciento de las nuevas empresas surgen en apenas veinte condados situados en la costa Este y Oeste, más Austin (Texas).
La única excepción en la última década fue la explosión del "shale gas" y "shale oil" en Dakota del Norte. Texas, Utah y Pensilvania, que hizo que Estados Unidos, que importaba el 60 por ciento del petróleo que consumía alcanzara el autoabastecimiento en sólo cuatro años.
En 1957, cuando surgió el índice S&P 500, que mide a las quinientas principales empresas que cotizan en Wall Street, la compañía más valiosa de Estados Unidos era la antecesora de la telefónica AT&T y los lugares de privilegio eran ocupados por compañías de energía como la Standard Oil de New Jersey, antecesora de Exxon.
Ninguna compañía puramente tecnológica se ubicada entre las diez primeras, ni siquiera IBM, erigida en la empresa tecnológica dominante hasta que fue desplazada de ese sitio por Microsoft a mediados de la década del 90.
Lo cierto es que, más allá de los criterios de clasificación de Standard & Poor''s, la discusión sobre si Amazon, y también Alibaba, merecen calificarse o no como compañías tecnológicas remite a una cuestión más de fondo.
Empresas como Johnson & Johnson, General Electric y ATT, otras tres de las diez más grandes del mundo, deben su prosperidad a su dominio de tecnologías avanzadas, que le otorgan ventaja sobre sus competidoras.
Las firmas industriales y de energía, que en 1957 representaban cerca de la mitad del valor de las quinientas principales ahora tienen el 10 por ciento.
En rigor de verdad, la noción de compañías exclusivamente tecnológicas tuvo pleno sentido en la década del 90, en el período de la "burbuja de las puntocom".
A fines de 1999, Microsoft era la empresa más valiosa del mundo y otras cuatro compañías (Cisco Systems, Intel, IBM y América Online) estaban entre las diez más valiosas.
Este auge duró hasta el estallido de marzo de 2001.
A partir de entonces, empezó el proceso de "mutua absorción" entre las firmas tecnológicas y la llamada economía real, que originó la "nueva economía" o economía del conocimiento.
Ese proceso de mutua absorción entre tecnología y economía real hace que Google se apreste a fabricar automóviles y, a la inversa, que todas las empresas de primera línea sean cada vez más intensivas en el empleo de nuevas tecnologías.
El poder de la tecnología rebasó sus fronteras originarias para impregnar a todos los sectores de la economía. Todas las compañías son tecnológicas.
En Estados Unidos, los grandes bancos recurren con creciente frecuencia a pequeñas firmas de alta tecnología, que se han revelado mucho más eficaces que sus antiguas estructuras burocráticas para el manejo de los mercados de dinero electrónico por los que circulan diariamente a una velocidad supersónica miles de millones de dólares.
En este escenario, la economía estadounidense tiene ventajas cualitativas difíciles de descontar.
China se acerca a desplazar a Estados Unidos como primera potencia económica mundial por el volumen de su producto bruto interno, pero el liderazgo tecnológico norteamericano tiende a consolidarse al menos por varias décadas.
En Estados Unidos la nueva economía es ya "la" economía.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora