El 22, Salta se juega su futuro

José Armando Caro Figueroa

El 22, Salta se juega su futuro

Los resultados electorales del 25-O sirvieron para que indignados y desencantados recuperaran su optimismo y las ganas de protagonizar cambios. Y, también, para que los sectores que postulaban la eternidad del kirchnerismo giraran hacia la perplejidad, el mal humor y la furia.
En cualquier caso, el pronunciamiento de la ciudadanía abrió un nuevo ciclo político cargado tanto de buenos augurios, como de dudas y desafíos.
Dentro de este panorama ¿qué debemos esperar los salteños? O, mejor dicho, ¿qué debemos hacer los salteños para enterrar la monarquía provinciana, superar las dificultades económicas e iniciar un camino hacia la prosperidad general?
Si nos sentamos a esperar que las reformas institucionales y económicas que adopte la Nación "derramen" sus mieles sobre Salta, tendremos nuevas décadas de subdesarrollo e inequidades.
Pudiera ser que el señor Gobernador, en un rapto de iluminación, abandonara su preferencia por el partido unitario, dejara atrás su pretendido elitismo, y se dedicara a gobernar priorizando el interés colectivo de los salteños.
Pero -como no hay indicios de que esto esté sucediendo en los reservados cenáculos de Las Costas-, parece aconsejable que los salteños, sin esperar iniciativas externas, nos demos a la tarea de construir un programa cuyos objetivos sean la república, la producción, el empleo, la seguridad y la integración social.
Hagamos de Salta un espacio competitivo
Nuestra riqueza potencial está lastrada por la falta de la infraestructura imprescindible para unirnos con el mundo. También por las reglas económicas a través de las cuales el centralismo discierne premios y castigos mirando sólo el interés de la pampa pujante y de su inmediato entorno.
Sin buenos caminos, sin ferrocarril, sin nuevos diques, sin el aprovechamiento del Bermejo, sin energía barata, sin buena educación básica y profesional, sin telecomunicaciones de alta calidad, nuestra producción seguirá siendo marginal y dependiente en exceso de condiciones exógenas.
Precisamos tomar el control de nuestros hidrocarburos; definir una política ambiental realista y respetuosa del orden jurídico cosmopolita. Urgen facilidades especiales para importar maquinarias e insumos para la agricultura y la agroindustria, así como para acceder a la electrónica y la informática de última generación.
Por supuesto Salta, como el resto de las economías regionales, reclama rebajar la presión impositiva, eliminar la corrupción, abandonar controles burocráticos y derogar reglas que nos marginan del comercio internacional.
Compromisos de los candidatos
Las campañas electorales nacionales en curso están forzando a los candidatos a articular propuestas.
En mi opinión, la más sólida y atenta a los concretos intereses de los salteños, fue la presentada por Sergio Massa, en claro contraste con la paupérrima "Acta de Compromiso" que nuestro Gobernador suscribió con Daniel Scioli. Al rigor técnico y político de la primera, se oponen los enunciados del "Acta" más pendiente de la retórica que de propuestas operativas y acordes con nuestros problemas.
Pero, a estas alturas cuando el balotaje es inminente, las estrecheces del "Acta Scioli-Urtubey" surgen con nitidez al contrastarlas con el "Plan Belgrano" que acaba de enunciar Mauricio Macri.
Hay en este "Plan" ideas concretas que responden a un diagnóstico bastante acertado acerca de la situación del Norte Argentino. Tenemos, entonces, un buen punto de partida para que las organizaciones políticas y sociales salteñas discutan y negocien las imprescindibles medidas de fomento con la fuerza que, muy probablemente, asumirá el Poder Ejecutivo de la Nación.
Sería absurdo que los mismos que consintieron las retenciones exorbitantes, las regalías truchas, la preterición de Salta en los planes nacionales de obras públicas, o el fraude de la coparticipación se transformen ahora en portavoces y gestores de las nuevas esperanzas de los salteños.
Sería penoso que las banderas de cambio fueran arriadas como sucedió en el pasado por el nefasto "Si Mauricio", o por las piruetas oportunistas de quienes hasta aquí fueron la dócil correa de transmisión del kirchnerismo unitario que expolió nuestra riqueza agropecuaria, minera e hidrocarburífera.
Habría que señalarle desde ya al frente electoral Cambiemos y a su líder, que el "Plan Belgrano" debe incorporar las medidas y los recursos que Salta precisa con urgencia.
Decirles, por ejemplo, que la salida al Pacífico, que el Bermejo, que la autonomía hidrocarburífera, que un programa masivo de apoyo a las familias instaladas en la pobreza o agredidas por las adicciones, son prioridad para Salta.
Decirles también que los 16.000 millones de dólares que el Plan Belgrano prevé para infraestructuras en todo el Norte y a lo largo de la próxima década, son insuficientes.
Más que este tipo de promesas y por encima del debate acerca de la coparticipación de impuestos, Salta debe reclamar un compromiso de coparticipación en los gastos de la Nación. Dicho en una línea: El 2,5% de todo el gasto público nacional debe ejecutarse en Salta y con el control de los salteños.

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