Ayer, a media mañana en la intersección de Lavalle y San Martín, mientras se despejaba la amenaza de lluvia se encendía la antorcha olímpica de la vigésimo séptima Maratón de Integración de Hirpace.
La primera en largar fue la categoría rodados, seguida por los aeróbicos, la delegación de Hirpace y los caminantes.
Arturo Zalazar (17), exalumno de la institución y ahora integrado en un BSPA que funciona en la escuela Jacoba Saravia, había ido con su hermana Trinidad (21), su amiga Emilce Conde (16) y sus padres Carmen (50) y Rufino (67). El joven contó que cursa segundo año y, como le resulta imposible escribir a mano, sus compañeros lo ayudan para que lo haga con computadora. "Creo que cada día la maratón se hace más grande. Aunque por ahí no veamos tanta gente como otros años, el compromiso crece siempre", destacó Arturo. Todos son de La Ciénaga y el camino transitado para lograr la escolarización plena de Arturo no resultó sencillo. "Los padres de hijos con discapacidad deben luchar por encontrarles buenas escuelas, en las que los ayuden a rehabilitarse. Hay que compartir mucho con ellos, las actividades deportivas, la fisioterapia, porque sin el acompañamiento no avanzan", reflexionó Carmen.
Cerca de ellos captaba la atención un grupo numeroso y singular por sus vinchas fosforescentes con orejas de ratón.

Embed
Fabiana Sauad (45) estaba con su primo Gustavo Navarro (29) y sus sobrinos Zoe (13), Matías (11) y Pablo (13). Pero la familia junta sumaba veinte integrantes. "Siempre tratamos de buscar un distintivo divertido. Nos ponemos vinchas, sombreros o pelucas porque la idea es vestirnos de fiesta para esta ocasión y pasarla muy bien en familia", dijo Gustavo. "Este año me llamó la atención haber visto poca gente. No sé si habrá sido el clima lo que desalentó a muchos. También vimos grupos de cuatro personas con una sola pechera, pero la situación económica está difícil. A pesar de ello la gente siempre es solidaria", comentó Fabiana.
Ya en el monumento a Gemes, mientras la actuación de Macúmbicos amenizaba la espera de los sorteos, El Tribuno encontró a Luis Pistán (52) y su esposa Ángela Agudo (51). Ellos habían asistido con sus hijos Luis (17) y Pablo (14), y los padrinos de este último.
"Luisito no come por sí mismo, no camina ni habla, pero se hace entender. El perdió oxígeno en el parto porque tuvo dos paros. Cuesta al principio aceptar. Siempre uno se pregunta por qué a mí, pero de a poco uno se va tranquilizando y confía en Dios", dijo Ángela.
Para su marido Luis la Maratón es una oportunidad de que la integración valga más que una palabra. "Algunos no los quieren mostrar a sus familiares, pero hay que afrontar el cuadro y tratar de darles la mejor calidad de vida que se pueda. Luisito siempre necesita de nosotros, de que estemos aquí para ayudarlo", comentó.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora